Las cuentas por pagar de Yakiri y Lucero (No ésa Lucero)

 Me llegaron como peticiones de firma de la ONG digital Change.org.

Pero sus casos me estremecieron por lo indignantemente parecidos que son, lo tétrico de sus vivencias, lo inverosímil de sus resoluciones.

Empecemos, como en el concurso, por el más popular.

Pagó 423 mil de fianza por matar a su agresor
Yakiri Rubio y la evidencia ignorada

Yakiri Rubí Rubio Apuart, de 20 años, es secuestrada por 2 sujetos –Miguel Ángel y Luis Omar Ramírez Anaya– el 9 de diciembre pasado.

La llevan a un hotel, la hieren, la golpean, la violan, pero antes que Miguel Ángel pueda asestarle la última cuchillada, le tuerce la muñeca y el agresor resulta herido mortalmente.

Aprovechando, Yaki, semidesnuda y horrorizada, huye del hotel, pide ayuda en una nevería, acude la policía, describe el crimen y a sus perpetradores.

Tras encontrarlos, viene la espeluznante vuelta de tuerca: Luis Omar acusó a Yaki de asesinar a su hermano, en base a las dudas razonables de la historia. La policía, eficaz como siempre, detuvo a Yaki como la facilota y homicida amiga del hoy occiso.

Y la justicia, tan pronta y expedita como siempre, le dictó auto de formal prisión, la condenó por “exceso de violencia en la autodefensa” y le impuso, a cambio de su libertad condicional –es decir, de ser libre pero culpable-, una fianza de 423 mil pesos.

Lucero Salcedo y las huellas de su humillación
Lucero Salcedo y las huellas de su humillación

María de la Luz Lucero Salcedo Palacios, de 18 años, acepta que otro Miguel Ángel, Jasso, la lleve a su casa desde su trabajo el 12 de septiembre anterior.

Él le pide sexo, ella dice que no. Entonces, él –supongo que bajo amenazas y a 100 por hora– la lleva al poblado distante de Ojo de Agua.

Al amparo menos de la noche que del miedo, Jasso frena, la saca del auto, la golpea, la asfixia con sus manos, intenta algo peor que sólo violarla. No queda claro cómo, pero Lucero consigue zafarse de su agresor y hacerlo huir en su automóvil.

Se desarrollan entonces 2 historias paralelas que terminan en el mismo hospital, casi camilla con camilla: Él es internado tras chocar por la prisa de lograr una coartada; ella lo es para atender sus lesiones visibles.

Y de nuevo: Pese a las evidencias y a que ella denunció primero, en Guanajuato, paraíso de la derecha más rancia de nuestro país, la justicia desechó los cargos de tentativa de violación y homicidio.

Para mayor ironía, él salió libre por los mismos argumentos que ella fue exhibida en el tribunal: Lucero fue inmoral al aceptar una propuesta claramente seductora, por vestir provocadoramente y por pasearse sola con hombres a los 18 años.

No puedo sonar más sarcástico ni pediré disculpas por una realidad que vulnera la ya de por sí frágil condición de las mujeres en México: Por lo menos en el caso de Yaki ya hubo un proceso judicial; a Lucero ni el consuelo le queda de que su abusador esté muerto.

Así celebra este 2014 el Estado mexicano, con sus polític@s, sus demagog@s y sus merolic@s –sí, por desgracia también algunas mujeres han caído en tamaña farsa– el Día Internacional de la Mujer.

Celebran ellos, porque no hay nada que celebrar. No tengo que ir a casos como el de Lydia Cacho o al de Florence Cassez; bastan 2 ciudadanas comunes, bastan mis mujeres, mi madre, mi esposa, mis hermanas, mis sobrinas, para saber el infierno, cotidiano y doméstico, que millones sufren, peor que Demóstenes, en México.

*Escritor y periodista mexicano (Villahermosa, 1982). Ganador del Primer Concurso de Ficción Playboy 2008, nominado al Premio Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez 2010. Reconocido por la UJAT en 2002 (Premio Universitario de Ensayo sobre Benito Juárez) y en 2009 (Premio de Cuento de la Feria Universitaria del Libro). Ha publicado artículos sobre temas variados y relatos de ficción en diversos diarios y revistas locales y nacionales. Aquí en su blog, su Twitter (@Acrofobos) y su columna en Facebook (El desprendimiento del iceberg) se puede hallar el despliegue de su obra literaria y periodística.

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