Otra postal desde el infierno 6

Otra postal desde el infierno 6

Mientras hojeaba delicadamente la libreta, Marcela oyó el timbre del caracol de Jonás por segunda vez en la noche. Detuvo la lectura superficial para fijarse en sus expresiones faciales y sus ademanes durante su charla, que se redujo al “Enterado” que contestó inmediatamente antes de colgar. Lo vio acercarse a ella y preguntarle “¿Algo interesante?”. “No sé. Son fórmulas y más fórmulas, algunas matemáticas, otras físicas, otras deben ser químicas. No sé”. “¿Pero nada en español?”.

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Otra postal desde el infierno 5

Otra postal desde el infierno 5

Asistido por PORRO, Chiro Liro halló 7 diferentes dactilogramas en toda la superficie de la postal. Era original, es decir, había sido revelada e impresa todavía a la antigua. Las curvas de carbono revelaron que no llevaba 7, sino 8 y medio meses de escrita la tinta negra del mensaje; así que, o la franquicia de la Universidad había tardado demasiado o en realidad esa postal viajó personalmente con sus estafetas desde Chihuahua a su destinataria. Bastaría verificar la caligrafía con el material que poseía Marcela, pero era obvio ante la lupa que había intermitentemente trazos débiles y fuertes, firmes y zigzagueantes, con sangrías e interlineados erráticos, como si hubiera sido por igual redactado o muy aprisa o muy dolorosamente despacio. A pesar del tiempo, no se encontraba expuesto al deterioro del oxígeno o de los ácidos de otros dedos, lo cual hablaba de una conservación prevista para más allá que un retrasado envío por correo. Por tanto, algunas huellas no debían pertenecer a los mensajeros. Es más: El sello de la Casa de Estudios era auténtico, pero había sido puesto apenas 31 días antes de la fecha aproximada en que se la entregaron a Marcela.

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Otra postal desde el infierno 4

Otra postal desde el infierno 4

“Éste es el plan: Chiro Liro y PORRO realizarán el exhaustivo análisis del material de la postal, así como dactilografía, caligrafía, imagenología, etc. Vic se trasladará a Ciudad Juárez para indagar las condiciones en que la carta fue enviada para acá, mientras Marcela y yo realizamos una investigación aquí en Villahermosa sobre conocidos, amigos, vecinos, ya saben. Dependiendo del resultado, estableceremos en una semana si es recomendable viajar al norte para proseguir la pesquisa. ¿Estamos?”.

El círculo que se unía a Marcela estaba a punto de desintegrarse con un sí colectivo, cuando Jonás agregó que absolutamente todo lo del pago estaba pactado: Sería hasta el final de la investigación y la clienta contaba con los recursos para sufragar el precio acordado. Ahora sí, el sí colectivo, todos media vuelta a la madrugada, excepto porque la joven sintió unos dedos tibios sujetando su antebrazo. Se estremeció, pero pudo mantener la mirada sobre la de Vic. “Tienes que saber que lo que pides se cumple. Si vamos tras él, lo matamos. Fuera de eso, cualquier cosa que conduzca a tu hermana no será nuestro problema.” “De acuerdo”. “No puedes arrepentirte ni dar marcha atrás, no será tu mano asesina posándose sobre su vida, sino la nuestra y sólo nosotros diremos sí o no”. Tardo algo más, pero repitió: “De acuerdo”. Vic no dijo más y se alejó fumando. “¿Nos vamos?”, la asustó Jonás por atrás. Ella asintió. “¿Quieres algo más o está bien con la cena, Marcela?”. “No, Jonás, gracias, está bien”.

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Otra postal desde el infierno 3

Otra postal desde el infierno 3

La música los acompañó todo el ascenso por las escaleras. Era un piano melodioso que ejecutaba el Bolero de Maurice Ravel, pero despojándolo de toda parsimonia con un ritmo apasionadamente sincopado. Toda esta vuelta mental la dio Marcela escalón por escalón antes de decir: “Ése fue mi vals de XV Años”. “Chido”, respondió Jonás. Llegaron a una terraza que en realidad era una azotea de apariencia miserable. Entraron por una puerta de metal y ventanas tropicales, sin contraseñas ni trucos mayores. Jonás extendió la mano hacia su espalda frenando a Marcela, caminó dos pasos y giró a su flanco derecho.

Ahí, en su cubículo tecnológico estaba Junichiro López Koizumi, jugando Silent Hill por enésima vez hasta acabarlo. Hijo de padre mexicano y madre japonesa, lo único que le quedaba de su herencia oriental era la pinta de Bruce Lee y el nombre que daba una sonora impresión de hilaridad. Marcela esperó cerca del vano recién cruzado y Jonás avanzó 5 pasos más, muy lentamente. Junichiro puso en pausa el juego, se quitó los audífonos y le gritó de espaldas: “¿Por qué siempre entras como un pinche ladrón, hijo de tu p…?”.

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Otra postal desde el infierno 2

Otra postal desde el infierno 2

“Al grano”, ordenó Jonás antes de meterse el primer bocado de los tacos al pastor que pidió, indicando tácitamente que la escucharía pero no dejaría de comer mientras a ella se le enfriaría su cena contando su relato.

Marcela respiró profundo, entrecerró los ojos y luego preguntó: “¿No notaste algo en la foto?”. Jonás masticaba despacio, callado y sólo alzó las cejas. “Bueno, mira, técnicamente, no se puede enviar fotos personales sin un sello postal, excepto si pertenece a un franquicia institucional, es decir, si es enviada dentro de la paquetería de cualquier organización.”

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