En busca del sepulcro perdido de Cuauhtémoc

En busca del sepulcro perdido de Cuauhtémoc

En agosto de 2010, la fotógrafa Haydi Gutz y yo fuimos como enviados especiales del diario Tabasco HOY, donde yo laboraba, a Candelaria, Campeche, siguiendo la pista telefónica que nos dejó Álvaro López Zapata, historiador y Cronista de la Ciudad, con el coordinador de la sección de Municipios, Juan Carlos Montes de Oca.

Gracias a las gestiones de Paulina Maldonado, editora de la sección cultural y mi jefa directa, pudimos no sólo emprender el viaje de cobertura, sino además la compañía y colaboración del camarógrafo Francisco García y de su productor, el venezolano Enrique Guzmán, el único extranjero del equipo, por parte de la televisora del mismo consorcio.

Desconozco lo que sucedió con el material audiovisual, pero el reportaje que se publicó impreso en 3 partes, durante el octubre siguiente, mereció la nominación al Premio Nacional de Periodismo Cultural “Fernando Benítez” que cada año otorga la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, México.

10 años después, a modo de celebración por aquel reconocimiento a mi labor como reportero de cultura –mi último trabajo formal para un medio de comunicación-, lo vuelvo a publicar en 4 partes, en versión íntegra acompañada de algunas imágenes tomadas por Haydi o por mí, sin mayor revisión que añadirle datos que, a la sazón y por razones de espacio o corrección, ya no pude consignar.

Entre ellas, la irreparable pérdida de Don Álvaro López Zapata, muy querido y valorado por la gente de su tierra, quien tras 26 años de su vida dedicándose a la memoria histórica de Candelaria y a documentar su versión del reposo final del emperador Cuauhtémoc (Eje del presente reportaje), falleció el 21 de marzo de 2016. Aunque póstumamente y apenas en 2020-como suele suceder, por desgracia-, obtuvo los reconocimientos que su dedicación amerita si bien urge validarlo con mayor amplitud y profundidad e iniciar las tan anheladas excavaciones en los sitios por él descubiertos para México y el mundo.

Y, por supuesto, va dedicado a ese maravilloso grupo donde incluyo a Leidy Gabriela Moreno, la diseñadora gráfica cuyas ideas enriquecieron el “vestuario” de las publicaciones que día tras días buscó regalar a l@s lector@s algo más que sólo nombres y eventos.

Seguir leyendo «En busca del sepulcro perdido de Cuauhtémoc»

Ciudadano Can / El deshielo S3E3

A través del retrovisor, Farías y yo intercambiamos miradas que reemplazan nuestros comentarios por las respuestas de Bárbara Mena a mi interrogatorio, de camino a las instalaciones de José al Rescate, A.C.:

“Para muchos, él representaba la intención de la sociedad por organizarse y mejorar su comunidad, sea en tema de animales o en cualquier otro. Y eso ‘otro’ representaba para mí el principal riesgo. Chema me tranquilizaba diciéndome que su padre jamás permitiría que le sucediera algo malo… (Solloza y contempla la carretera en el parabrisas de la patrulla) Al menos no tan malo como… (Deja escurrir algunas lágrimas) Como su asesinato…”.

“¿Notó algún peligro que el señor Esqueda hubiera pasado por alto o que hubiera ignorado tras comentárselo usted?”, hablo al fin 300 metros más adelante.

Luego tragarse otras lágrimas, fruncir el ceño y apoyar su boca en su puño, hace muecas de incredulidad, alza los hombros y casi susurra: “Pues, la verdad, era consciente que su causa reflejaba también las condiciones del pueblo, muy necesitado de rescate y de un líder”, muecas de extrañeza, “y siendo muy sincera, inspectora Vicencio, francamente no lo creo, no de ustedes”, se suena la nariz para no oírse tan mormada. “¿Qué cosa?”. Seguir leyendo «Ciudadano Can / El deshielo S3E3»

Ciudadano Can / El deshielo S3E2

La radio interrumpe los boleros rancheros que amenizan a Farías mientras cocina su omelette: Un boletín de última hora reproduce las declaraciones de Bárbara Mena viuda de Esqueda “…cuestionando los procedimientos de ciertos elementos de la Gendarmería, que aún no aplican las nuevas disposiciones de la Ley de Amnistía pese a que la gran mayoría del personal actúa con profesionalismo, eficacia y patriótico sacrificio…”. El locutor revela algunos datos y se despide subrayando los sabrosas que son las tortillas preparadas con harina de maíz del monopolio estatal.

Poco antes de derramar la mezcla sobre el aceite, Farías bosteza sin escuchar nada textual, aunque se trata de la nuera del senador por la provincia cuya capital es Villahermosa, la ciudad donde crepitan unos huevos batidos, 3 de los 6 que entrega su cartilla de ración quincenal. Cavila: “Eso disipa el temor que algo pueda ocurrirle por su denuncia, pero entonces por qué…”. El teléfono timbra 4 veces antes que el amnistiado lo descuelgue.

“Tardaste mucho en contestar, Farías”. Seguir leyendo «Ciudadano Can / El deshielo S3E2»

Ciudadano Can / El Deshielo S3E1

Mi Adriano:

Ojalá pudiera ver tus ojos de sorpresa recorriendo estas líneas luego de tantos -y prudentes- años de silencio, mi amor. Silencio que en mí también se agolpa como los días irrecuperables sin ti. Silencio que me ha costado romper, y te lo confieso, por razones demasiado admisibles hasta para un corazón de espuma como el tuyo: Mucho antes de tu liberación supe cómo y dónde contactarte. Te había evitado durante larguísimas semanas, en mis intenciones y en mis pensamientos. Miedo, vergüenza, nostalgia, ofuscación, hacia ti, hacia todo, incluso conmigo misma, al fingir que no te recordaba y cediendo al impulso de escribirte esta carta. Pero me resultas inolvidable, ineludible: Si supieras cuán gastada y cuán conservada está la foto con la Torre de Rectoría detrás de nuestras espaldas abrazadas. Y por último, pero no menos importante: Guardo un secreto…

-¿Farías? ¿Farías? ¡Quintín, despierta!

-¿Qué? –me responde Farías recién interrumpido de su ensueño, donde parecía sumergido todo el trayecto desde el taller hasta la escena del crimen, en este barrio fabril de Villahermosa.

-Nada. Es sólo que hoy estás menos platicador que nunca -sonrío ¿Coquetamente?- y vaya que de por sí eres un hombre de muy pocas palabras…

-Mi supervisor se inquieta.

-¿Te ha comentado algo por las veces que me acompañas? ¿Toma represalias contra ti por el apoyo a tu oficial de custodia?

-No.

-Mmmm. Entonces el que se inquieta eres tú -le tallo el hombro suavemente, como para relajarlo y sonrío hacia el parabrisas. Suspiro de frustración-. Te decía que el cadáver fue hallado, muy carcomido, en el patio de un local que pertenece desde hace 8 años a Rigoberto Sánchez, taquero de toda su vida… Seguir leyendo «Ciudadano Can / El Deshielo S3E1»

Échame a mí la culpa de tu desgracia II

juarez

El H. Congreso de la República Dominicana lo proclamó Benemérito de las Américas y con ese nombre de gloria se selló su silueta tergiversada en millones de mexicanos, en las paredes de cientos de miles de escuelas públicas oficiales, en las estatuas a su nombre y en, cómo no, la vértebra moral de las logias masónicas mexicanas. Ese título, único que recibió por parte de una nación extranjera en vida, se debe a factores que no conciernen a sus méritos ya no presidenciales, sino liberales. El parlamento dominicano, saturado hasta el borde de liberales que por añadidura eran masones del mismísimo rito escocés al que perteneció hasta la muerte Simón Bolívar, no podía dejar pasar la oportunidad de rendirle panegíricos al estadista que había logrado fincar los estatutos liberales en un país latinoamericano alguno desde su emancipación de la metrópoli española, supeditar el Ejército a la autoridad civil, desarraigar los cimientos del poder eclesiástico –oponente natural de los masones- y además, expulsar con gallardía, heroicidad y patriotismo a los franceses, cultores del conservadurismo católico y militarista que traía como respaldo la etiqueta de potencia mundial y las mejores fuerzas armadas del planeta en su época. Pero, ¿Cuánto de cierto y de mendaz tienen estos logros atribuidos a Benito Juárez? ¿Cuán exacta fue la interpretación de los hechos, con el Caribe y su doctrina masónica de por medio, por parte de los legisladores dominicanos? Seguir leyendo «Échame a mí la culpa de tu desgracia II»