Pérez Troika / Odin

Pérez Troika / Odin

Muy parecida a La Singla

FADE IN

CRÉDITOS INICIALES

DISOLVENCIA A

INT. NOCHE. TABLAO FLAMENCO.

Un ESPAÑOL sale del baño para hombres, se detiene en el umbral y prende un cigarrillo. Iluminado desde atrás, barre con la mirada, primero al público: Sólo mesa con 5 RUSOS, y luego al escenario: 2 GUITARRISTAS, UN CANTANTE  y UNA BAILAORA, interpretando una bulería.

El español posa su mirada en la bailaora. Tras un giro, ésta devuelve la misma mirada fija. Taconea, truena sus dedos, despliega su larga y negra cabellera, sin que ninguno desvíe los ojos. De fondo musical, suenan las coplas de Camarón.

Un RUSO alto y fornido también sale del baño. Le palmea la espalda al español, quien sonríe, adolorido. Cruzan frases incomprensibles por el idioma y la ebriedad, se ríen sin entenderse mucho, el ruso inicia un monólogo.

El español retorna su mirada a la bailaora, que inicia su solo de zapateo. Cortes rápidos en tight shot a sus pies, al quejío del cantante, a los chasquidos de dedos de ella, a la guitarra, al humo expelido de él, a los ojos de ambos, a la tensa mirada entre ellos.

El ruso, violento y tierno, exige su atención, vocifera más palabras, entre alegres y tristes, sacude y abraza  por el cuello al español, medio llora, medio se carcajea, el español le sigue la corriente con ademanes, el ruso lo aprieta contra sí y lo besa en la frente, se limpia sus mocos con la manga de la camisa, palmea unas veces más al español y se va tambaleando a la única mesa ocupada, donde lo reciben con un brindis y más carcajadas.

Seguido por la mirada de la bailaora, el español atraviesa la estancia; éste a su vez, se limpia la frente, se talla el cuello y los hombros de dolor y la observa danzar. Close up en cámara lenta para ver desde sus perspectivas ambas trayectorias.

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Tifosi

Tifosi

¡Un negro! ¡Un maldito negro hijo de puta! ¡Que no lo sepan estos cabrones o se burlarán de mí hasta mi funeral!… Soy el primero en levantarme de la mesa a gritarle al zambo, quieto de confusión, y a expulsarlo a patadas del local. “Eh, Vito, venimos a tu taberna”, vocifera Siro tras acabarse los empellones, “porque no aceptan ni negros ni judíos ni árabes”. “Pensé que era sólo por la cerveza”, responde Vito, reímos, “¡Qué decepción!”, el encargado muestra el revólver que no utilizaría si estábamos nosotros.

Alguien pide silencio: Nos hemos perdido 4 penales por culpa de esos negros. “¡Andiamo, Luigi!” y De Agostini no nos falla. Vítores y manotazos a las mesas, todos ebrios, todos rapados del cráneo, todos a punto de ser campeones del mundo por cuarta vez. Pasamos de largo el gol de Olartinoséqué. Brindamos con tarros. Y el imbécil de Donadoni la caga con el penalti más marica que he visto cobrar… “Y sigue Maradona: Imposible que la vuele”, subraya Nicola… No sólo no yerra, la mete como maestro… Cumplimos con el silencio solicitado, aunque todos pensamos que el viejo Aldo, un defensa, debe meterla o de lo contr…

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Échame a mí la culpa de tu desgracia III

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Respecto a su supuesta lucha para contrarrestar la Intervención, otro de los motivos del galardón antillano, quedan los contradictorios alegatos que Juárez elaboró contra el régimen imperialista de Maximiliano. Por ejemplo, había prorrogado su período presidencial de 4 años aprovechando la ascendencia recién obtenida de los militares entre los Inmaculados, y contra todos los argumentos de desapego constitucional que le profirieron –entre ellos, Guillermo Prieto-. Mientras lanzaba diatribas tajantes que manifestaban su abierta oposición a  la mano extranjera en la manivela nacional, los Estados Unidos adiestraban, pertrechaban y pagaban los salarios del ejército federalista, presionaban vía diplomática la retirada inmediata de las tropas francesas de suelo mexicano y reconocían, con todas las conveniencias de las circunstancias, al gobierno de Juárez como único e inapelable para Washington –lo que significaba, en buen castellano, una impresionante amenaza de la joven potencia-, a cambio, claro está, de las ventajosas concesiones que el presidente oaxaqueño le otorgó cuando se encontraba en la frontera con ese país. Seguir leyendo “Échame a mí la culpa de tu desgracia III”

Échame a mí la culpa de tu desgracia II

juarez

El H. Congreso de la República Dominicana lo proclamó Benemérito de las Américas y con ese nombre de gloria se selló su silueta tergiversada en millones de mexicanos, en las paredes de cientos de miles de escuelas públicas oficiales, en las estatuas a su nombre y en, cómo no, la vértebra moral de las logias masónicas mexicanas. Ese título, único que recibió por parte de una nación extranjera en vida, se debe a factores que no conciernen a sus méritos ya no presidenciales, sino liberales. El parlamento dominicano, saturado hasta el borde de liberales que por añadidura eran masones del mismísimo rito escocés al que perteneció hasta la muerte Simón Bolívar, no podía dejar pasar la oportunidad de rendirle panegíricos al estadista que había logrado fincar los estatutos liberales en un país latinoamericano alguno desde su emancipación de la metrópoli española, supeditar el Ejército a la autoridad civil, desarraigar los cimientos del poder eclesiástico –oponente natural de los masones- y además, expulsar con gallardía, heroicidad y patriotismo a los franceses, cultores del conservadurismo católico y militarista que traía como respaldo la etiqueta de potencia mundial y las mejores fuerzas armadas del planeta en su época. Pero, ¿Cuánto de cierto y de mendaz tienen estos logros atribuidos a Benito Juárez? ¿Cuán exacta fue la interpretación de los hechos, con el Caribe y su doctrina masónica de por medio, por parte de los legisladores dominicanos? Seguir leyendo “Échame a mí la culpa de tu desgracia II”

Échame a mí la culpa de tu desgracia

benito juarez

Benito Pablo Juárez García pudo ser el nombre de cualquier funcionario público, el de un taxista, el de un conductor de noticieros, el de un estudiante o maestro, el de un literato ganador del Premio Cervantes o un químico ganador del Nobel. Pero resulta que le es otorgado a cientos de miles de villas, poblados y rancherías o simples puntos de cruces carreteros en México, a infinidad de insospechables galardones y reconocimientos nacionales, e inclusive internacionales, a instituciones públicas de educación y, sobretodo, a una imagen popular de reivindicación autóctona. Seguir leyendo “Échame a mí la culpa de tu desgracia”