Mientras pasa… (III)

Mientras pasa… (III)

La mañana era fresca, con un calor prematuro atenuado por la brisa del Sena. Monsieur Moustafá Letelier caminó algo lentamente los 23 pasos que lo separaban del cadáver. Se colocó sus lentes de aproximación que extrajo de su maletín de doctor.

-¿Movieron el cuerpo?

-Negativo, Mr.

Puso unas pinzas largas entre sus dedos y con ellas manipuló el papel hacia una bolsa transparente, todo siempre del maletín.

-¿Tocaron alguna pieza de la escena?

-Negativo, Mr.

A continuación, instaló un trípode fuera de la línea preventiva de la policía y encima, una caja metálica negra, con un fuelle delante al que operaba apuntando diversas partes del cadáver, de cerca y de lejos, desde todos los posibles puntos de vista.

-¿Alguien más se ha acercado al la víctima?

-Negativo, Mr.

-¿No puede contestarme la policía con algo más que no sea con “Negativo, Mr.”?

-Negativo. Mr. Puedo contestarle que desde que el guardia lo halló, se acordonó el lugar, evitando el exceso de huellas de zapatos, tal como nos has instruido. Seguir leyendo «Mientras pasa… (III)»

Mientras pasa… (II)

Mientras pasa… (II)

Difícil Reencuentro

Los 2 varones descendieron por la escalerilla del buque hasta los tablones del muelle. Extrajeron de sus bolsillos los talones para el reclamo de sus equipajes y alzaron la vista a la nueva y gris ciudad que los recibiría por una temporada. Llegaron a la aduana de cielo abierto a pedir sus bártulos. El encargado los miró con recelo al tiempo que revisaba la papeleta, como resistiéndose a entregar lo que le solicitaban.

-¿Lugar de procedencia?

-México, señor –contestó el de tez clara.

-¿Ambos?

-Por supuesto, señor –contestó esta vez el de tez morena.

-¿Cuál es el propósito de su visita?

-Personal –dijo el uno.

-De negocios –dijo el otro.

El encargado pensó que se encontraba frente a dos polizontes que pretendían robar el equipaje ajeno y que no habían coincido en sus respuestas. A ello, amarró el hecho de que uno de ellos fuera de piel obscura, con una larga barba parda debajo de su cara y un turbante sobre ésta. La vestimenta, se dijo, también podría ser robada. Pidió un segundo para verificar los datos de las maletas y se retiró de la mesa.

-¿Crees que nos haya creído –cuchicheó el moreno– u otra vez habrá problemas por mi raza?

-No lo creo –replicó su acompañante-. Acabamos de llegar a una de las sociedades más civilizadas del mundo. La Nueva Atenas hoy día. Aquí el racismo es un asunto superado.

-Deténganlos –gritó el encargado desde el fondo de los bultos de los otros viajeros, mientras 4 policías corrían en dirección a ellos–, son ladrones extranjeros. Seguir leyendo «Mientras pasa… (II)»

Mientras pasa…

Mientras pasa…

París. 4 de octubre de 1898.
2:32 de la mañana.

La persecución entraba ya en su recta final. El de adelante iba fatigado, exhalando apenas para darle a sus piernas al menos dos cuadras más hasta la estación de policía. El de atrás, paciente, caminaba de prisa hacia su víctima. Una baldosa de la calle interrumpió la carrera. El cuerpo del tipo, acostado, pedía descanso y no pudo reaccionar al último tramo. Encima de sus jadeos, se oían los pasos sincronizados de su cazador acercándose inexorablemente hasta que frenó su andar justo a dos pasos de él. Sudaba azul bajo el plenilunio.

-Por favor, no me mate. ¡No me mate!

El arma terminó sus ruegos inconvenientes. El silencio permaneció un rato más. Al fin, el hombre dejó el arma en la mano derecha del otro, una nota ya escrita y se alejó del mismo modo acompasado.

Media hora después, el rondín de la policía descubrió el cadáver de un hombre joven, bien vestido y con anteojos que portaba todavía el cuchillo ensangrentado y el mensaje póstumo de los suicidas.

 

Amberes. Mismo día.
Misma hora.

El contorno áspero de los astilleros se iluminaba con la luna radiante clavada en el cielo. El humo de un par de cigarros se elevaba hacia ella. La conversación de los guardias se interrumpió con la presencia de un bulto estorbando en el camino de sus linternas. Nada circunspectos, se acercaron para abrirlo pero notaron que se movía por dentro. Se miraron, asustados y en dilema de descubrir su contenido o avisar primero. Separarse para realizar cada quien ambas opciones, debido a la profunda obscuridad, simplemente quedó descartado. Seguir leyendo «Mientras pasa…»

Ciudadano Can / El deshielo Final

Camino a casa de Quintín (Última parada antes de consignar a la acusada), Liebermann rompe su silencio iniciando un largo rodeo antes de mostrar el verdadero motivo de su presencia ahí.

-Muy buen trabajo, inspectora Vicencio. Dirigió la investigación con eficiencia y resultados periciales. El Alto Mando, por mi mediación, le envía una felicitación por tan notable desempeño de su labor.

-¿Entonces por qué la secretaria de Seguridad Interior no se lo dijo por la radio personalmente? –dice Farías. Seguir leyendo «Ciudadano Can / El deshielo Final»

Ciudadano Can / El deshielo S3E5

Obscurece el verano a la hora más intensa del calor desprendido por el excesivo cemento de esta ciudad-dormitorio. En particular, detrás de las rejas del portón principal, el tenue vaho del estacionamiento recién lavado. Me animo a desabrocharme otro botón y a sacudir mi blusa gris de inspectora, razonando de nueva cuenta las piezas de Farías a la espera de la señal de Liebermann. ¡Qué tipos tan diferentes y tan metidos en esto!

En efecto, los perros y los comederos de hace unas horas ya no están; la anfitriona tampoco; se oyen ladridos intermitentes, lejanos pero no tanto; casi no pasan autos o personas o por ratos vienen en grupos desde Villahermosa; y salvo por el operativo, no hay presencia policiaca, ni siquiera una caseta abandonada. El sitio perfecto para planificar un homicidio.

“Atentos! Se aproxima vehículo”, indica Liebermann por radio. Seguir leyendo «Ciudadano Can / El deshielo S3E5»