Ciudadano Can / El deshielo S3E4

-¡Detective Vicencio! Se está ganando a pulso una suspensión de 4 meses.

-Señor, yo…

-¿Cómo espera que le brinde información así? ¡Usted es mi subordinada, comprenda eso! El amnistiado no puede dirigirla como si usted fuese una novata.

-Director Liebermann, escuche, por favor…

-¡Más le vale confirmar nuestra averiguación previa antes del fin de semana o en vez de salir de vacaciones, las tomará definitivamente!

Llena a un tiempo de coraje y de apuro, contemplo a Farías prender su enésimo cigarro, recargado en el barandal que rodea la entrada de la mansión Mansur, los primeros en la lista de activistas, increíblemente para él. Seguir leyendo «Ciudadano Can / El deshielo S3E4»

Ciudadano Can / El deshielo S3E3

A través del retrovisor, Farías y yo intercambiamos miradas que reemplazan nuestros comentarios por las respuestas de Bárbara Mena a mi interrogatorio, de camino a las instalaciones de José al Rescate, A.C.:

“Para muchos, él representaba la intención de la sociedad por organizarse y mejorar su comunidad, sea en tema de animales o en cualquier otro. Y eso ‘otro’ representaba para mí el principal riesgo. Chema me tranquilizaba diciéndome que su padre jamás permitiría que le sucediera algo malo… (Solloza y contempla la carretera en el parabrisas de la patrulla) Al menos no tan malo como… (Deja escurrir algunas lágrimas) Como su asesinato…”.

“¿Notó algún peligro que el señor Esqueda hubiera pasado por alto o que hubiera ignorado tras comentárselo usted?”, hablo al fin 300 metros más adelante.

Luego tragarse otras lágrimas, fruncir el ceño y apoyar su boca en su puño, hace muecas de incredulidad, alza los hombros y casi susurra: “Pues, la verdad, era consciente que su causa reflejaba también las condiciones del pueblo, muy necesitado de rescate y de un líder”, muecas de extrañeza, “y siendo muy sincera, inspectora Vicencio, francamente no lo creo, no de ustedes”, se suena la nariz para no oírse tan mormada. “¿Qué cosa?”. Seguir leyendo «Ciudadano Can / El deshielo S3E3»

Ciudadano Can / El deshielo S3E2

La radio interrumpe los boleros rancheros que amenizan a Farías mientras cocina su omelette: Un boletín de última hora reproduce las declaraciones de Bárbara Mena viuda de Esqueda “…cuestionando los procedimientos de ciertos elementos de la Gendarmería, que aún no aplican las nuevas disposiciones de la Ley de Amnistía pese a que la gran mayoría del personal actúa con profesionalismo, eficacia y patriótico sacrificio…”. El locutor revela algunos datos y se despide subrayando los sabrosas que son las tortillas preparadas con harina de maíz del monopolio estatal.

Poco antes de derramar la mezcla sobre el aceite, Farías bosteza sin escuchar nada textual, aunque se trata de la nuera del senador por la provincia cuya capital es Villahermosa, la ciudad donde crepitan unos huevos batidos, 3 de los 6 que entrega su cartilla de ración quincenal. Cavila: “Eso disipa el temor que algo pueda ocurrirle por su denuncia, pero entonces por qué…”. El teléfono timbra 4 veces antes que el amnistiado lo descuelgue.

“Tardaste mucho en contestar, Farías”. Seguir leyendo «Ciudadano Can / El deshielo S3E2»

Échame a mí la culpa de tu desgracia III

benito4

Respecto a su supuesta lucha para contrarrestar la Intervención, otro de los motivos del galardón antillano, quedan los contradictorios alegatos que Juárez elaboró contra el régimen imperialista de Maximiliano. Por ejemplo, había prorrogado su período presidencial de 4 años aprovechando la ascendencia recién obtenida de los militares entre los Inmaculados, y contra todos los argumentos de desapego constitucional que le profirieron –entre ellos, Guillermo Prieto-. Mientras lanzaba diatribas tajantes que manifestaban su abierta oposición a  la mano extranjera en la manivela nacional, los Estados Unidos adiestraban, pertrechaban y pagaban los salarios del ejército federalista, presionaban vía diplomática la retirada inmediata de las tropas francesas de suelo mexicano y reconocían, con todas las conveniencias de las circunstancias, al gobierno de Juárez como único e inapelable para Washington –lo que significaba, en buen castellano, una impresionante amenaza de la joven potencia-, a cambio, claro está, de las ventajosas concesiones que el presidente oaxaqueño le otorgó cuando se encontraba en la frontera con ese país. Seguir leyendo «Échame a mí la culpa de tu desgracia III»

Échame a mí la culpa de tu desgracia II

juarez

El H. Congreso de la República Dominicana lo proclamó Benemérito de las Américas y con ese nombre de gloria se selló su silueta tergiversada en millones de mexicanos, en las paredes de cientos de miles de escuelas públicas oficiales, en las estatuas a su nombre y en, cómo no, la vértebra moral de las logias masónicas mexicanas. Ese título, único que recibió por parte de una nación extranjera en vida, se debe a factores que no conciernen a sus méritos ya no presidenciales, sino liberales. El parlamento dominicano, saturado hasta el borde de liberales que por añadidura eran masones del mismísimo rito escocés al que perteneció hasta la muerte Simón Bolívar, no podía dejar pasar la oportunidad de rendirle panegíricos al estadista que había logrado fincar los estatutos liberales en un país latinoamericano alguno desde su emancipación de la metrópoli española, supeditar el Ejército a la autoridad civil, desarraigar los cimientos del poder eclesiástico –oponente natural de los masones- y además, expulsar con gallardía, heroicidad y patriotismo a los franceses, cultores del conservadurismo católico y militarista que traía como respaldo la etiqueta de potencia mundial y las mejores fuerzas armadas del planeta en su época. Pero, ¿Cuánto de cierto y de mendaz tienen estos logros atribuidos a Benito Juárez? ¿Cuán exacta fue la interpretación de los hechos, con el Caribe y su doctrina masónica de por medio, por parte de los legisladores dominicanos? Seguir leyendo «Échame a mí la culpa de tu desgracia II»