Mi muy querida Alona de Lark:

A finales de 2019, nuestro intercambio literario se intensificó, para mi enorme dicha, recibiendo muestras por igual de admiración, gratitud y cariño artístico desde la distancia, ya no de un continente, sino de 2 idiomas y culturas antípodas; y brindando de mi parte reciprocidad sincera e intensa.

Entre muchas de aquellas muestras, surgió mi compromiso de exponer, explicar, exhibir (Cualquier término cabe, con sus divergencias y similitudes) una respuesta a tus inquietudes y tus juicios, tan amable y tan fundadamente vertidos, sobre mi obra literaria. Sabes lo mucho que extraño ese intercambio, sobre todo en vista de lo ocurrido en 2020; a nombre de esa nostalgia, pero sobre todo de nuestra amistad, intento rescatar de las ausencias forzadas por lo menos briznas de para mí tan especial relación cumpliendo lo prometido.

Ojalá te sea útil del modo en que prefieras, Alona.

Veamos: Fuiste muy clara con tus interrogantes, que retomo, textuales, de tu maravilloso blog:

me gustaría saber cómo escribes?

cómo uno sabe que lo escrito por él (por ti?) será interesante para tantos lectores diferentes?

es un talento de presentar sus ideas en forma atractiva para muchos, o es la forma de pensar, la manera de expresarse compartida con muchos. cuál es tu caso?                                              

o es algo que ni imagino?

Posteriormente, a propósito de una entrevista que me realizó la escritora y periodista Janna Bolriv, entresacaste mi referencia acerca de mi avance de una novela en proceso:

un archipiélago de islas sustanciosas entre las que no tiendo el puente correcto

para de allí reformular:

cuando piensas en como conectar las islas, piensas en función al lector tratando de entender qué forma llegará más fácilmente a cautivar su mente?

 o en función a ti mismo: de qué manera sentirás la respuesta interna correcta?

Procederé con el mismo rigor del método científico, iniciando con estas últimas apreciaciones, dado que se trata de un caso delimitado: La novela. Por su naturaleza -un relato de largo aliento-, su entramado, planificación y elaboración final requiere de mí mucho más que mis habituales relatos cortos, publicados ya en 2 volúmenes, y que has leído uno completo, cuya crítica tuya jamás dejaré de agradecer.

Y lo requiere porque me topé con 2 fascinaciones tempranas como lector aspirante a escritor: 1).- Juan Rulfo y 2).- el periodismo, ambos caracterizados por su brevedad o, para decirlo en la propia jerga del oficio, por su capacidad de síntesis. Dicha capacidad viene también emparentada con la poesía, el campo de mis primeros ejercicios literarios. Jugar con apenas un puñado de palabras para generar conceptos, si no nuevos, al menos no tan manidos, es la posibilidad más descollante de la poesía y, por extensión, de la prosa literaria y del periodismo. Hoy día, me atrevo a decir que la capacidad de síntesis, una de las virtudes que considero mejor cultivadas de mi estilo, resultó justamente la principal tara a la hora de desarrollar una novela.

Me ofrecí (Para irremediablemente ofrecerlo a los lectores, aunque luego volveremos a este punto) un término medio: La saga, o lo que yo nombro así pese a que el español tuvo, o tiene, títulos propios: Folletín, novela por entregas, novela serializada; si bien se distingue de éstas por tratarse de diversas historias dentro de un mismo universo -como lo dejó establecido el relato policiaco de finales del siglo XIX-, etiqueta que sería más significativa para los americanos hispanohablantes y lusoparlantes luego de fenómenos como el Boom de los 60’s: Autoras y autores que situados en una sola ciudad y siguiendo a un solo personaje, crearon distintos relatos y novelas no por ello sujetándose a un mismo género.

Heredero de ambas tradiciones -el thriller finisecular y la cosmogonía americana, cuya suma aleatoria de poesía y periodismo me permitía practicarlas en tanto lector-, la saga respondía a mi inquietud central de redactar una extensión mayor al de unas habilidades pulidas precisamente para la brevedad. Podía tomar algún pedacito de ese universo y narrar el espacio-tiempo elegido, compactado y específico, por medio de un cuento. Resultando en 2 sagas que, para redondear el experimento personal, publiqué en mi blog y cuyas señas indiqué también a lo largo de mi plática con Janna: Una estructura más detallada (El deshielo, por su naturaleza policial) y a la vez puro jazz (Otro Gabinete, por su fingido espíritu autobiográfico), alternándose a veces en la misma semana.

La novela que yo le referí a ella acabó por construirse bajo ese método. A partir de 1999, la escribí muy secuencial y muy ingenuamente: Acomodando lo que iba surgiendo en la cabeza, por medio de notas precisas -mentales, verbales o físicas-, según una trama más o menos concreta; así, durante 2 años y medio casi sin interrupciones, 5 capítulos listos. Pero entonces llegó el servicio militar y la segunda mitad, la más difícil, de mi carrera universitaria. Sin remedio, la historia prosiguió su vida literaria en mi cerebro como apariciones dentro de una mansión victoriana. Al calor del incendio creativo, tejí fragmentos, escenas, pasajes, diálogos, autorreferencias, secuencias, hasta por poco lograr un capítulo, quiero decir, por el volumen de texto elaborado. No obstante ser consciente siempre que existía un mapa, insistía en orientarme por brújula.

Hasta que registré una serendipia residual: Me funcionaba técnica y estilísticamente. De lo primero, mi indicio eran las propias piezas terminadas -algunas de varias páginas-; de lo segundo, la respuesta de lector@s divers@s en cualquiera de las plataformas donde osaba mostrarlas. Piezas que disfrutaban incluso ausentes del contexto de la novela, por su flujo narrativo, por sus atmósferas, por hallarse ahí mi voz personal, mis querellas profundas, mi atisbo de originalidad; y que, al reverso, relacionadas por su orden primigenio (Solamente 2 lectoras poseen dicha versión), obtenían un sentido que magnificaba sus resonancias episódicas. Para cuando me percaté de esa maravillosa opción, no sólo habían transcurrido 10 años: Ya no me reprimía, llenando libretas diminutas de islas sustanciosas, el archipiélago cuyo principal problema es mantenerse desprovisto del puente correcto.

cuando piensas en como conectar las islas, piensas en función al lector tratando de entender qué forma llegará más fácilmente a cautivar su mente?

Sí.

En el caso de las sagas arriba mencionadas, repito, para ofrecerlas a los lectores. Ahora bien: Tu planteamiento requiere abundar en un “cómo conectar” bastante vago, para empezar porque las audiencias son múltiples, indirectas y en muy raras ocasiones conoceremos de primera mano su retroalimentación (Son más raras todavía aquellas cuyas opiniones modificarían la obra). Te lo dice el comunicólogo, uno que además realizó su tesis sobre sujeto receptor: “Cautivar su mente” es el objetivo esencial de todo artista hacia su -virtual- público pero la “forma en que llegará más fácilmente” depende de apreciaciones muy disímiles.

A mi parecer, de perfilar a esa audiencia según principios elementales: Le gusta leer, por lo cual tendrá que hacerlo con frecuencia y placer, y sus niveles de acceso a lo que lee varían entre lo necesario y lo exigente, pero en medio estarán el nivel del lenguaje empleado, el grado de cultura utilizado, un determinado contexto sociocultural (Idioma, población, geografía, historia, política, etc.) e invariablemente aquello que deseas entregar, aportar, regalar. ¡Ah, sí, mi inteligente Alona! Obsequiar a lectoras y lectores como tú, forjad@s gracias a toneladas de autoras y autores a sus espaldas, aquello que buscan y que entre mis líneas tal vez encuentren: Un desafío, un dato, un desahogo. Se vuelven obligatorias no solamente la ortografía y la redacción excelentes: La expresión, las figuras, los tropos, los juegos literarios, todo al servicio de esas audiencias con quienes compartes, quizá, aficiones y destrezas pero también preocupaciones y senderos.

Contigo, y con quienes leen mi trabajo, reafirmo la idea de Octavio Paz: “Toda lectura, incluso la que termina en desacuerdo o en bostezo, comienza como una tentativa de reconciliación”.

o en función a ti mismo: de qué manera sentirás la respuesta interna correcta?

Sí, también.

Tratándose de una novela -iniciática y tan personal-, te doy la razón por cuanto será “en función a mí mismo” que finalmente formule la “respuesta interna correcta”, bajo mi criterio, mi única personalidad, mis intenciones. Ese puente se levanta muy poco a poco, entretenido como me hallo en otros proyectos literarios; y ahora que lo sabes, que otr@s lector@s se han asomado, deberá trasmutar el archipiélago en un territorio cuyas zonas inexploradas sean tan fascinantes como las restantes. ¿“De qué manera”? No lo sé y te aseguro que esa manera variará tanto como el tiempo transcurrido, la madurez de la voz, las circunstancias alrededor de la obra, la mejora de mis talentos, los propósitos explícitos y subyacentes, etc.; no obstante, acorde con Javier Cercas, “un escritor que no corre riesgos no es un escritor: Es un escribano”.

Posiblemente asumas que he respondido todas tus dudas. Advertí que nada más iniciaría sobre mis obstáculos para finalizar una novela, o al menos esa novela: Doy por concluidas mis sagas y están por publicarse si Dios lo dispone. Justamente esos logros me alientan mientras mis relatos continúan brotando, por aquí y por allá, integrando libros que señalan la meta de mis ciclos creativos. Además:

me gustaría saber cómo escribes?

plantea varias ambigüedades, las que abordaré enseguida, refiriéndome tanto a mis cuentos -mi especialidad- como a mi labor como periodista, y que por supuesto no tocas con tus preguntas adicionales, por las cuales empiezo esta parte:

cómo uno sabe que lo escrito por él (por ti?) será interesante para tantos lectores diferentes?

Como ya más o menos enuncié, nadie lo sabe, pero los creadores, quienes verdaderamente se aproximan al arte, buscan simultáneamente dentro de sí y dentro de quienes disfrutan su obra. A veces basta con suponer que si a mí me gusta, me apasiona, me mueve y me remueve, suscitará las mismas sensaciones en quienes me lean (Hablo de escritoras y escritores que dominan al menos niveles aceptables de redacción y poética literaria, alimentan con frecuencia su bagaje racional y proveen de leña suficiente la caldera de su trabajo. De aquellos que fustigan a sus lector@s porque odian admitir que son pésimos sería “fárrago e infamia”, a decir de Emil Cioran).

Un ejemplo lo viviste tú cuando leíste La antropomorfosis. Más allá de los atributos que hallaste, entresaco 2 dimensiones de tu experiencia:

A).- provoca leerlo lentamente saboreando cada detalle. es un juego totalmente intelectual

B).- tuve ideas de hacer algo así, pero nunca me ocurrió a enfocarlo de tu manera.

Ignoro si propició las mismas impresiones al jurado de la revista Playboy México para concederle el premio y publicarlo hace ya 12 años, pero es un hecho que la premisa (¿Y si un animal conviviera como ser humano entre nosotros?) y las temáticas (Gatos, adaptación, feminicidio, erotismo, autoconciencia) resultaron interesantes para muy distintas personas, además, en muy distintos momentos. Mi heurística consistió en “enfocarlo a mi manera” tratando de generar todavía más interés a través de los “detalles” que desarrollaron el “juego intelectual” propuesto: El tono obscuro, las frases sarcásticas, los tecnicismos…

Ello ha sido así desde que recibí mis primeras y muy duras críticas y maduré la idea de que, otras veces, no basta con la predilección propia. Ese relato, igual que otros desde este siglo, tardó rebotando en mi cráneo semanas enteras, afilándolo, destilándolo, hasta que cada palabra se situó en su lugar preciso, y un sábado de julio de 2008, en un puñado de horas, lo ultimé a máquina de escribir. Entonces, no sabía que una maravillosa mujer rusa había tenido ideas similares, pero sí que es apropiado que jamás se te ocurriera mi enfoque, Alona -cada autora es única, indivisible, moldeada por sus propios antecedentes- como a mí no se me ocurriría otro más que el mío.

Sigo escribiendo sin saberlo nunca; pero es un alivio corroborar que cincelando por lo menos técnicamente mi estilo individual, puedo, a decir de Cesare Pavese, “reunir las dos alegrías: hablar solo y hablarle a una multitud”.

es un talento de presentar sus ideas en forma atractiva para muchos, o es la forma de pensar, la manera de expresarse compartida con muchos. cuál es tu caso?

Si te referías a que fuese un talento desarrollado frente a uno innato (“Forma de pensar”), y a que eso va de la mano con l@s lector@s, sostengo que sí y que no. Sí porque, como ya establecí, somos un grupo de gente que disfruta leer, conocer, explorar y, consecuentemente, incrementa su placer al curiosear entre las páginas de un libro y descubrirse miembro de ese grupo de gente.

Sí porque van ligadas la forma de pensar y la manera de expresarse -característica que distingue a un grupo de otros- y se desarrollan a medida que interactúan, en mi caso, mediante el impulso de escribir creativamente.

No porque, ya también lo expuse, presentar de forma atractiva requiere si no una especialización académica -y soy de quienes lo deploran y no suele mostrar sus blasones por delante-, sí entrenamiento, sí amplios conocimientos, sí retar una y otra vez a su intelecto y a su sensibilidad, sí apertura y emoción por las letras, las que sean. Reitero y recalco: Las que sean. El periodismo por eso me ayudó: La capacidad de síntesis obliga a ser concreto, a plasmar una idea coherente y congruentemente, a mantener el interés en quien lo lee. Más tarde, expandí mi competencia comunicacional al implementarla en ámbitos como la gestión pública, la consultoría a las OSC y la vida cotidiana con sus diminutas peticiones de sesos: Manuales, señalécticas, instructivos, disposiciones fiscales, etc.

En mi caso, y a despecho de mi propia innata inclinación, creo que es más lo segundo, el talento desarrollado. No necesariamente un coeficiente intelectual elevado conlleva elocuencia; pero pondero que es mucho más sencillo lograr ésto cuando naces dotado de aquéllo. A otros no se les facilita tanto, pero igualmente lo consiguen hasta la extraordinariedad, leyendo mucho, practicando más, atreviéndose a divulgar, a la crítica y a mejorar todo el tiempo.

o es algo que ni imagino?

Desconozco. Llegados a este punto, comienza el embudo entre lo que deducías o intuías respecto a mis motivaciones creativas y mis habilidades técnicas y aquello que, efectivamente, no imaginabas. Te he revelado ya que soy Asperger, de una variante relativamente noble pese a los estropicios sociales que me genera. Si esta condición neuronal sesga la labor literaria, habría que indagarlo a profundidad -casos Temple Grandin y Susanna Tamaro, entre otros-, pero anticipo que no pienso eso. Mi paso por la escuela pública en México, durante una generación todavía intolerante en lo general (Particularmente procelosa fue la etapa de la secundaria, cuando nos mudamos de casa 5 veces en 3 años), me proporcionó otras herramientas psicosociales que aliviaron un poco mi integración grupal, pero sostenidamente el ímpetu literario emergía una y otra vez.

Aquí viene algo parecido a una revelación útil. Mis primeros relatos (Un período desde 1997 hasta 2008) observaban de modo quirúrgico el entorno, cercano y lejano. Tendía a abrir, dentro de mí, las posibles conexiones de situaciones que o bien presenciaba en las noticias o bien me inspiraban otros libros, la música, las artes plásticas, el cine, la televisión, etc. Y esas ideas quedaron plasmadas en textos cursis. Posteriormente, oleajes recursivos e intensos de sentimientos golpeaban las orillas de mi inspiración desde la mar de las primeras veces y todo lo que acarrea: Decepciones, aprendizajes, experiencias, reacciones emocionales, procesos racionales. La diferencia, evidentemente, radicó en que vivía por fin cuitas nada más escritas, podía palparlas dentro de mi pecho en vez de sólo interiorizarlas por la vía mental. La antropomorfosis remata ese lapso, intimista y auténtico pero ingenuo y trillado, fructificando lo mejor de estas 4 categorías: Me había graduado, renunciado a mi primer trabajo, iniciado mi vida sexual, mudado de mi casa materna a la conyugal y presenciado el mayor desastre natural en la historia de México.

Muy poco se rescata de esa época, muy poco permanece sin correcciones y otro poco volverá más o menos íntegramente no sólo porque me guste y, según mi criterio, merezca sobrevivir y difundirse. El estilo y el enfoque no varían mucho y el gran tema -el suicidio, la muerte, el crimen- tampoco sobre todo por otro hallazgo: Escribí narraciones que obtienen una fuerza singular al paso del tiempo o nadie o muy pocos están hablando al respecto ahora mismo. Mi primer relato (7 de julio de 1997) sigue a un piloto de principios del siglo XX que se suicida; luego de la tragedia del 24 de marzo de 2015 no importa si los motivos sean distintos ni la antelación temporal: Publicarlo, a mi juicio, ya no es opcional. Mi ciencia ficción se ha cumplido hasta de modo insólito: El ministerio del tiempo se llaman una serie televisiva española también de 2015 y una nouvelle que concebí en 2008. Título exacto y -aunque la trama y su objetivo cambian bastante- premisa idéntica: Una agencia gubernamental que regula los viajes en el tiempo, si bien en mi idea tenía propósitos turísticos pues considero que la tentación de modificar, intencional o accidentalmente, la historia (Noción central de la mayoría de los relatos del subgénero), además de muy sobada, sería perfectamente evitable por una costosa dependencia multilateral, ¡Faltaba más! Y poco a poco, miro asombrado como otros conceptos figuran en películas y programas, todavía publicables aun bajo el riesgo de parecer plagiador. Cosa, por otra parte, que no me interesa: Días de muerto y Areufa, mis relatos de 2006 y 2010, y Tenet, película de Christopher Nolan de 2020, comparten una idea argumental, pero sus propósitos son disímbolos. En fin: Por eso decía, Alona, que no siempre se aspira a coincidir con el público; de otra forma, se aspiraría menos a la originalidad.

me gustaría saber cómo escribes?

El esmero de las cuartillas anteriores esboza un panorama tan amplio como sospecho que implica tu pregunta detonadora. Implementé un método, más parecido a una rutina que a un sistema, pero indefectiblemente eficaz: Hoy, mi reserva de ideas y relatos equivale a lo escrito y lo escrito tiene potencial -gracias a lecturas como la tuya- para revelarse en el instante adecuado (Por cierto, esa reserva también me funciona como lo que llamo refaccionaria: Piezas hermosas que rescato de historias inconclusas y embonan dentro de las que aparecen en mis libros). Es el plan para este 2021 y desde 2018, cuando elaboré una matriz semaforizando mis pendientes literarios, tomando en cuenta reseñas críticas de editoriales, comentarios de autoras y autores de varias partes del planeta -aun angloparlantes- y compromisos personales.

Paso 1: La idea literaria. Cuando eclosiona, debo atraparla desde lados que le aporten solidez para volverse un juego intelectual. A veces, los personajes; a veces, el final predeterminado pero nunca redactado de antemano; a veces, el puro divertimento de narrar (Así nacieron, por decirte unos, Carta de recomendación, y mis cuentos eróticos); a veces, el estilo: Sólo escribo suspenso. Si percibo que esa idea no edificará mecanismos de suspenso, la desecho de inmediato. Desde Quintilla de ases y Mañana será tarde -del mismo año de 1998, pero la segunda inédita- hasta A Praia y A la mesa del castillo -2014 y 2020 respectivamente-, he procedido igual; pasa que unas me toman menos tiempo elaborarlas que otras y para el segundo escenario me impongo claustros de espacios y neuronas: La invención del otoño me costó la friolera de 4 años.

Paso 2: La búsqueda del “efecto deseado”, según estableció Edgar Allan Poe en su Filosofía de la composición de 1846; y respaldada por otros autores como Dostoyévski, Conan Doyle, Kafka, Faulkner, Borges y Cortázar. A diferencia del estadounidense, no representa mi punto de partida, en particular porque mis influencias son más amplias: La música del siglo XX, el cine, el fotoperiodismo, la televisión, el internet, las redes sociales; y porque opino que nadie prevé la inspiración ni el molde dentro del cual se fraguará su artesanía. Opino, sin embargo, que el relato corto es el mejor medio para dicha “creación” y que hasta cierto grado la respuesta emocional e intelectual definirá la narrativa. Lo sostengo ya no únicamente como teórico de la comunicación: Las propias técnicas literarias existen para brindar estética y procurarla en la experiencia y el sentimiento de quienes nos leen. Ello se equipara en el mundo verbal a cuando pedimos a quien nos cuenta algo un orden para decirlo y una claridad para comprenderlo. El nivel supremo del coloquial “hacerme entender”, para el arte poética, es obtener de ti algo más que tu atención.

Paso 3: Tu adjetivo calificativo más generoso -y más sugerente- para mis escritos es cinematográfico: “se visualiza en colores, sonidos y movimientos”. Más allá del dominio técnico en la redacción y de la diversidad de formatos como solución creativa, debo garantizar que lectoras y lectores lleguen al punto final. Aunque el flujo -narrativo, descriptivo, argumentativo- puede conducirse a través de múltiples vías, mi formación profesional me facilitó los medios que tan bien describes. Y ese flujo, encadenado por partes menores y mayores, tiene que vertebrar la secuencia de palabras -el símil es viejo pero preciso- como engranajes de relojería. Igual que en el cine, lo peor que podría sucederle a la audiencia es salirse a la mitad de la función. Por tanto, debo replicar una experiencia comparable: Brindarte todos los datos que te permitan primero configurar el universo del relato (Ambientado, amueblado, habitado) y luego recrearte en esa configuración personal: Si escribo

Caminábamos como en gravedad cero, inseguros de la pisada siguiente, de encontrar más tierra firme o resbalar en el lodo reciente, de hallar un anfibio o un pez cuyo simple roce bajo las corrientes submarinas paralizaba de terror por el riesgo de una mordida o de un piquete venenoso (Hacia el silencio, 2007),

esta oración te proporciona información suficiente de quiénes son los involucrados y qué están haciendo; situada en el momento correcto del relato, sigues o la relees o regresas al principio, pero no te detienes.

Paso 4: Talacha (Mexicanismo que se refiere al trabajo puro y llano, mínima y repetitiva, indispensable, que forma parte del desempeño laboral; su tono es despectivo en relación a otro mexicanismo: Chamba, que tiene un sentido más bien nominal), talacha y más talacha. Nadie me lo cree, pero escribo todos los días. Este texto, fragmentos, avances de pendientes, reportajes para mi blog, contenidos para mi empleo actual. Sirve de práctica, de entrenamiento, sirve para repasar tus propios instrumentos, sirve, de inicio, para plasmar el esquema general -cuando las ideas van desbordando-; después, para vestir el texto según los ropajes que he dispuesto para su andar por el mundo, decisiones las más de las ocasiones basadas en intuiciones y parcialidades y siempre sustentadas en mi lógica estética.

Por último, escribir (Adorado tormento, según otro genial oxímoron mexicano) sirve para inaugurar un viaje sin reposo ni final del cual eventualmente dejaré de ser su único pasajero.

Disculpa la extensión, Alona. Te mando besos y abrazos de feliz cumpleaños y mis mejores deseos para ti y tu sobresaliente blog durante el año nuevo de la edad que comienzas.

*Escritor y periodista mexicano (Villahermosa, 1982).
Ganador del Primer Concurso Nacional de Ficción Playboy 2008.
Nominado al Premio Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez 2010.
Reconocido por la UJAT en 2002 (Premio Universitario de Ensayo sobre Benito Juárez) y en 2010 (Premio de Cuento de la Feria Universitaria del Libro).
Ha publicado su trabajo literario y periodístico
en diversos diarios y revistas locales y nacionales.
En Twitter y en Instagram, trollea desde la cuenta
@Acrofobos.
En 2017, publicó su primer libro de relatos Grimorio de los amores imposibles.
En 2018, publicó el segundo: La invención del otoño
.

5 comentarios en “Para: Alona

  1. sumamente interesante, lo leí y volví a leer. si es una gran respuesta a mi curiosidad, y un gran regalo — algo que nunca podría saber a cuenta propia, pero lo que me inquieta cuando conozco personas con una mente brillante(como la tuya :)): un gran cómo? porque soy consciente que las diferencias en las mentes humanas son mucho más grandes que de sus únicas huellas dactilares. siempre te lo repetía, quizá no de manera explicita :): me gustaría tener una mente brillante, sin embargo, no tengo la suerte, pero me enamoro de las mentes como la tuya y realmente es un gran regalo para mi este texto. además, es super agradable sentir por primera vez en mi vida que el lector a quien, al menos en primer lugar , se dirige el autor , soy yo exactamente 🙂 me has hecho sentir 2 años menor regresando a la edad que más me gustaba 🙂 gracias. lo llevé a mi blog, a mi facebook 🙂 porque me siento halagada 🙂 y super complacida por tener el permiso a mirar dentro de tu laboratorio mental. me apena mucho que lo vi luego de tanto tiempo, pero me super alegro que hoy entré por purísima casualidad y pude verlo. te mando besos y abrazos de Lima fría y una Alona con mucha mucha chamba 🙂 esta palabra en Perú se usa de manera muy muy común 🙂 pensé que era localismo, pero veo que en tu bello país también existe.

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