Ciudadano Can / El deshielo Final

Camino a casa de Quintín (Última parada antes de consignar a la acusada), Liebermann rompe su silencio iniciando un largo rodeo antes de mostrar el verdadero motivo de su presencia ahí.

-Muy buen trabajo, inspectora Vicencio. Dirigió la investigación con eficiencia y resultados periciales. El Alto Mando, por mi mediación, le envía una felicitación por tan notable desempeño de su labor.

-¿Entonces por qué la secretaria de Seguridad Interior no se lo dijo por la radio personalmente? –dice Farías.

Mi jefe ve al amnistiado por el retrovisor esbozando una mueca de sonrisa. Sin inmutarse, éste prosigue: “Vaya, vaya, resulta que Lupita tenía razón: Sánchez ya confesó que conocía a Esqueda y la identificó a ella también”, Liebermann retira la mueca, “Por favor, Caín, jamás habrías aprobado la redada sin un dato más fiable. ¿Qué va a pasar con el taquero?”.

-No tiente a su suerte, Farías –de su saco azul acerado, mi jefe extrae un documento que golpetea sobre sus dedos antes de extendérselo, desganado, al mencionado, quien sorprendido lo toma-. Cortesía del Senado de la República.

Pero Farías no reacciona como esperaría al recibir su carnet de tránsito, el único papel que permite a todos los beneficiarios de la Amnistía Gradual viajar a través de todo el país (No salir de él) y que la Oficina Delegacional de la Gendarmería se lo retuvo 14 meses insufribles. Hasta yo, que gracias a él había podido resolver el caso justo a tiempo para mis vacaciones, conozco el valor de dejar la ciudad por unos días para distraerme. Ahora él tamborea el carnet sobre sus dedos y sólo sonríe ante el maullido del gato.

-¿Qué va a pasar con el taquero, Caín?

-Lo usual en estos casos, Quintín. Sanción económica por delitos sanitarios.

-Y el clásico “usted disculpe”…

-No hay nada qué disculpar…

-Es lo que yo digo. Ciertamente no mató a Esqueda, su socio, pero se prestó a cientos de otras muertes de inocentes, por medio de maniobras hipócritas dignas de un aprendiz de político…

-¡Basta! Le repito que no tiente a su suerte Farías. La Amnistía Gradual todavía me permite regresarlo a prisión.

-Sólo quiero saber si el castigo que le dará a Lupita por asesinar a Esqueda será tan duro como el que le dará a Sánchez por asesinar a esos animales, ¡Animales cuyos trozos siguen en el refrigerador de su taquería!

En ese momento, el tenso silencio que sigue al recio intercambio de palabras me ayuda a embonar las piezas en una nueva perspectiva, aquella que Farías no quería que se revelara durante el operativo según nuestro plan: Lupita le vendía los perros a Sánchez como materia prima, lo que le garantizaba dinero para continuar su activismo; quizá a condición que la muerte no fuera violenta, quizá porque esa carne estaría en mejor estado que el de cualquier otro perro callejero, quizá porque fueran más los que rescataba que los que tendrían tan cruel destino. Por eso mintió cuando dijo desconocer la ubicación de la taquería.

Lo cual acabó el día de la sanción por parte de Sanidad Pública. Durante un tiempo, tuvieron que suspender el suministro. Ello coincidió con la negativa del senador a seguir apoyando financieramente a su cachorro. El junior logró la impunidad del taquero a cambio de que le comprara a él la carne de su refugio; sólo tenía que movilizar a sus contactos en el Ayuntamiento para los traslados y la cuenta de la asociación civil para los pagos, cuentas que no son fiscalizables. Por eso la jaula adicional en el refugio y los desalojos mensuales que Bárbara Mena creía bienintencionados.

Su notoriedad hizo el resto: Las recaudaciones iban a costear su estilo de vida (Y quizá su carrera política), las autoridades le facilitaban el acopio de animales y su competencia legitimaba sus actividades públicas, hasta el día en que se abriera un hueco en el Congreso. Pero le quitó sus pocos ingresos a Lupita, quien desesperada pudo acudir a Sánchez para que volviera a comprarle. Pero la cantidad de canes a muy bajo precio y tal vez el amparo de un futuro alcalde Esqueda lo obligaron a rechazarla.

Lupita averiguó las razones del desplazamiento y comprendió que su causa, otra más, había sido prostituida por la Revolución, además de ocasionarle pérdidas. Decide matarlo e incriminar al taquero, de modo que, además, nadie conociera su esquema para replicarlo y continuar sosteniendo sus gastos, sobre todo, la de sus animales rescatados. Y por la mirada perdida de mis pasajeros a sus respectivas ventanillas, concluyo que todos somos ya conscientes de esta historia.

-Ust… Usted ya sabía que ellos se conocían, ¿Verdad? –tercia Lupita desde la lejanía de su propio horizonte.

-Desde el principio. De qué otro modo un perro se queda junto a la víctima en un sitio donde ninguno pertenece. Fue el único al que no le hallaron rastros de tejido y, aunque lo habían amarrado, en realidad lo encontraron sentado a su lado –mi rostro asiente, confirmando y despejando mi asombro inicial-. Le era leal porque Esqueda lo había salvado meses atrás, los suficientes para estar un poco menos flaco que los de su refugio, lo cual indica que Sánchez le tuvo piedad y no lo había sacrificado. ¿Por qué? Su esposa me dio la pista: Esqueda llegaba a esa prisión, mes con mes, a entregar mercancía. Pero quería a ese perro en particular, por alguna razón –un hondo silencio filosófico se apodera del interior de la patrulla. Poco después de reiniciar sus caricias al gato, concluye-. Todos los monstruos necesitan un refugio de su propia maldad para que no termine carcomiéndolos.

Suspiros simultáneos del resto. Liebermann, a unas calles de la escala, finaliza: “Integraremos la averiguación previa contra Sánchez bajo cargos por tráfico ilegal de especies, riesgos contra la salud por matanzas y uso de cárnicos, y delincuencia organizada en modalidad de comercio de sustancias prohibidas. Serían de 5 a 7 años…”.

-No olvide la nueva Ley Esqueda, comandante –agrego, entusiasmada y orillando la patrulla.

-Maltrato animal. Multa económica o días de cárcel por cada perro encerrado y asesinado. Al menos otros 5 años –exhala, no sé si de enojo o de consuelo-. ¿Contento –me lanza una mirada de soslayo pero firme-? No tarde, teniente.

El departamentito de Farías luce un poco mejor con nueva pintura, nueva puerta y ciertos nuevos muebles. El misho incluso se acomoda rápidamente en la mecedora, debajo de la cual su adoptador dispone un poco de leche y algo del relleno de su omelette intacto sobre la mesa.

-Felicidades por tu ascenso, Itari.

-¿Verdad que sí dijo “teniente”? ¡Ése senador sí que tiene influencias!

-Tal vez. Pero eres muy capaz, teniente. Lo has demostrado desde que te conozco y hoy te luciste con la aprehensión de 3 criminales.

¿Por qué contemplo a Quintín mesando el pelaje de su mascota con el corazón electrificado?

-Pensé que te caería mejor la autorización de los viajes nacionales. Digo, pocos en el país pueden pagarse un viaje a otra provincia, pero la libertad que da el carnet no tiene prec…

-Fue por el dilema -arrastra sus palabras melancólicas, se incorpora y de la parte inferior del fondo del horno despega un sobre en blanco, que me entrega-. Una de las 2 mujeres que he amado en toda mi existencia, uno de mis 2 motivos singulares para resistir, me contactó el lunes por medio de esta carta –leo su apasionada esquela, ¿Lo llama mi romano?, saturada de referencias que no entiendo- y no sé si retarla u obedecerla –se reclina sobre el barandal metálico de su ventana-: Por fin me otorgan el carnet de tránsito y soy frenado, o desafiado, respecto a uno de los pocos sitios adonde quiero ir.

-Aquí no menciona dónde está o cómo reencontrarla…

-Es muy obvio, Itari –me observa aún reclinado-: Vive en Ciudad Juárez, probablemente en un edificio de departamentos como éste; se dedica a la costura, en su casa para pequeños clientes e industrial para alguna fábrica, así que debe ubicarse en la zona conurbada; y una persona muy pero muy amada por ella la retiene allá, quizá sus padres, quizá un esposo, que posiblemente radique en Estados Unidos. Fuera de eso, tiene mi misma edad, es rubia, de mi estatura y hace 4 años debieron liberarla.

Hay amor en esas letras, tan intenso como la advertencia de no alimentarlo fútilmente. Y ella tiene razón: En lugar de notar ese cariño apasionado, Farías ha dedicado la semana a localizarla. Retorno el contenido a su sobre y ambos a su destinatario, en cuyos ojos titilan el alumbrado público y la indecisión, sentimiento que jamás le había notado.

-¿Quién es la otra mujer? –el claxon insiste desde la calle.

-Cuando vuelvas, te entregaré el relato de este caso –toma el sobre tan despacio que pienso en lo mucho que para él ha transcurrido desde una despedida similar-. Felices vacaciones, Itari.

Se siente igual, supongo: No sé si abrazarlo o no, si mantener la distancia o romperla, si reconocer que siento algo por él, inefable a lo mejor, definitivamente cálido, o negarlo por la razón adicional de conocer quiénes provocan las pocas emociones que deja traslucir. Más claxon. Sonrío, le digo adiós acompañada de mi mano, acaricio al gato y me marcho, indecisa todavía si dedicar algo de mi asueto a resolver el misterio personal de Farías.

…Los cambios me permitieron el olvido y la continuación; si te es imposible, también te permitirán perdonar.

Si mi ejemplo te conmueve, te suplico que cambies: Que a diferencia del pasado -al que soy consciente que te aferras, como la mayoría de nuestra generación, por motivos diversos y hasta absurdos-, no movilices esa privilegiada mente de Dupin, no me rastrees, no me ubiques, es más, olvídame, desvanéceme, mátame en la memoria emotiva ya que en la racional te será imposible, despídete de mí como lo hago ahora, “si te vas, no hagas demora”, quema este papel y ya jamás, nunca, de nuevo, vuelvas la vista atrás, aléjate de los barrotes que hayas construido en tu propia alma, camina el sendero que el Dios cumplidor de sus promesas dispuso para ti -admito que reprocharás que mi catolicismo no haya cambiado, pero estoy segura que aún conservas tu ateísmo irredento-, camina y camina, camina diario incluso cuando sientas que ya no quedan fuerzas, camina, amor de mis amores, pedazo de mar dulce en mis labios, camina sin huella, sin precipicio, sin mí.

No espero tu respuesta, solamente tu alivio. Por favor, respeta este último deseo.

Te ama de por vida

Magaly

I / II / III / IV / V / FIN

*Escritor y periodista mexicano (Villahermosa, 1982).
Ganador del Primer Concurso Nacional de Ficción Playboy 2008.
Nominado al Premio Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez 2010.
Reconocido por la UJAT en 2002 (Premio Universitario de Ensayo sobre Benito Juárez) y en 2010 (Premio de Cuento de la Feria Universitaria del Libro).
Ha publicado su trabajo literario y periodístico
en diversos diarios y revistas locales y nacionales.
En Twitter, trollea desde la cuenta @Acrofobos.
En 2017, publicó su primer libro de relatos Grimorio de los amores imposibles.
En 2018, publicó el segundo: La invención del otoño
.

5 comentarios en “Ciudadano Can / El deshielo Final

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