Ciudadano Can / El deshielo S3E4

-¡Detective Vicencio! Se está ganando a pulso una suspensión de 4 meses.

-Señor, yo…

-¿Cómo espera que le brinde información así? ¡Usted es mi subordinada, comprenda eso! El amnistiado no puede dirigirla como si usted fuese una novata.

-Director Liebermann, escuche, por favor…

-¡Más le vale confirmar nuestra averiguación previa antes del fin de semana o en vez de salir de vacaciones, las tomará definitivamente!

Llena a un tiempo de coraje y de apuro, contemplo a Farías prender su enésimo cigarro, recargado en el barandal que rodea la entrada de la mansión Mansur, los primeros en la lista de activistas, increíblemente para él.

-Le diré esto a nombre de la escasa confianza que le tengo: Los medios y la opinión pública no son los únicos encima de la Gendarmería. El propio senador Esqueda se mantiene en contacto permanente con la secretaria de Seguridad Interior y tengo que ocultarles que mi mejor agente está dando vueltas en toda Villahermosa por culpa de un antiguo reo suyo –mi jefe resopla, no sé si de enojo o de desahogo-. José María Esqueda fue sujeto de vigilancia por los Servicios de Seguridad del Estado únicamente el primer año de su activismo. Por razones que sólo competen al Congreso, se retiró toda supervisión de actividades contrarrevolucionarias. La protección a su viuda es la primera ejercida desde entonces. ¿Satisfecha?

-¿Qué tan indignada está la opinión pública? –me animo a preguntar una sospecha concertada con Farías: El crimen indigna a la sociedad puesto que era uno de los pocos líderes tolerados por el régimen si bien no se pronunciaba en política “dura”. Ya que la gente tiene ganas de un chivo expiatorio, al menos que sea el correcto.

-En estos momentos, una manifestación grita consignas a las puertas de la Gendarmería. ¡Bajo mis propias narices, Vicencio! Sé que no tiene nada que ver. Curiosamente, el Ayuntamiento autorizó la protesta y sólo un reportero lo está cubriendo…

-El de Reporte, ¿Cierto?

-Así es, detective. Los mismos que llevan décadas dándoles argumentos a nuestros enemigos internos y externos. Pero ya debería saber, Vicencio, que son las formas en que el senador nos presiona. De modo que concluya, detective, ¡Concluya de una puta vez! –y corta por la radio banda civil.

Molesta a partir de ahora, le aplico ley de hielo a Farías, ni cuando me aproximo a la puerta, ni mientras esperamos a que la criada nos abra ni cuando Margarita Sevilla Uribe y su hijo Donato Mansur Sevilla nos reciben en la sala de su casa. La señora es tan anciana que es incapaz siquiera de levantar su propio cuerpo del sillón vienés en que reposa sus tardes. Donato, en cambio, es tan corpulento que pudo arrojar a Esqueda por encima de las rejas del patio del taquero; a lo mejor, por ello, deja a su madre todas las respuestas.

-Por favor, señorita, no me dedico a nada más que al salvamento de los pobres animales de la calle. Ya a mi edad es de las pocas ocupaciones de mi difunto marido Donato que puedo ser útil. Y me parece que no se necesita ser un detective para mirar que, sencillamente, no podría sostener un cuchillo entre mis manos.

-Pero su hijo tiene todas las fuerzas, el tiempo y los recursos…

-¡Óigame! Chema y yo somos de la misma generación –se inquieta Donato-, coincidimos en muchos lugares, teníamos amigos en común…

-Sin duda, el senador Esqueda tendrá mucho interés en indagarlos…

-Joven, le suplico, por favor –musita firme Margarita-. Para mi familia, no tiene ningún caso involucrarse en estos temas. Tengo mucho más tiempo de conocer a Rómulo que usted y segura estoy que jamás consentiría el reciente clima de relajación política para con los criminales –y le envía sus ojos más vivos a Farías, quien se los devuelve, serenos e inquisitivos, desde la chimenea sin usar-. Mi asociación civil es legal, se financia de mi propia fortuna y Donato invierte sus fuerzas, su tiempo y sus recursos en que dicha fortuna crezca. Anoche acudimos a una cena de negocios con el director provincial del Banco Nacional, junto con otros…

-Tranquila, mamá. Creo que la detective ha comprendido. Cálmate ya, yo le daré detalles cuando la acompañe a la puerta. ¿Verdad, agente Vicencio?

Me siento aún tan furiosa con Quintín, que cuando se sienta frente a la anciana, lo ignoro haciéndole un ademán a Donato para hablar aparte. Ya distantes aunque sin perderlos de vista, este otro junior se confiesa:

-Mire, detective, no tiene sentido engañarla. Si ha llegado hasta mi casa, quizá Recaudación también –frunzo el ceño, pero no lo interrumpo-. Hace un año que la asociación no rescata nada. Incluso, le vendí las instalaciones de Fundación Mansur precisamente a Chema. Mi padre, que en paz descanse, sólo la usaba para ocupar a mi mamá, pero toda su operación en verdad es muy costosa. Tan sólo nos quedan algunos perros alrededor de la casa y eso nomás para que mi mamá los vea, crea que vienen de visita y se regrese contenta a su sillón. Sale más barato pagarle a editores de sociales para que publiquen eventos ficticios.

-¿Por qué no contarle la verdad a su mamá? O es que sí tuvo que ver en el crimen de Esqueda…

-No, detective, se lo juro. Las empresas de la familia ahora están enfocadas en lograr convertirse en socios del Estado. Pero la exigencia es alta –espía de vez en cuando a sus espaldas y susurra-, riesgosa; demasiado lucrativo, lo admito, pero, imagínese: Ya no podemos deducir impuestos, así que debemos deshacernos de asociaciones y fundaciones. Para Chema era fácil, su papá es senador, pero no para las buenas familias como nosotros, los Acuña, los Uribe. Si mi mamá se entera de los cambios, se muere. Mire cómo se puso en cuanto vio al delincuente que la acompaña.

Miramos cómo se miran el delincuente y la dama acaudalada mientras ésta le expone el Señor Presidente y el Primer Ministro fueron muy generosos con la Amnistía Gradual, pero su objetivo final, al igual que el del Legislativo, era dejar de mantener a vagos ingratos para reincorporarlos al mercado laboral y a la base contribuyente, de modo que…

¿Aún me ama el joven escritor, cuyo éxito rotundo, internacional, de crítica y de ventas, le llega en su primera novela? ¿Aún me ama el reo de los primeros años, del que no supe nada hasta su primera misiva, esperanzado, ingenuo, melancólico? ¿Aún me ama el duro, durísimo, opositor, obrero penitenciario, objetor de conciencia, de los años recientes, ofuscado, obsequioso, oprimido de sí? Redactaría obscuro, pero obscuro supe que eres a muerte desde el primer beso apenas aparecieron los créditos finales de Dersu Uzala… ¿Por qué me llevaste a esa retrospectiva de cine japonés, en aquella pequeña sala de la Casa de Artes? Ni siquiera te sobresaltaste cuando se prendieron las luces y descubrimos ser los únicos en medio de las butacas…

¡Coño! ¡Mira cuánto guardado y tú…

-¡Vámonos, Farías! –le grito sin tocarlo para despedirnos. Una consulta rápida a la Oficina confirma la coartada de los Mansur Sevilla. Viajamos a la patrulla y al siguiente punto en total silencio.

Guadalupe Nicandro alimenta a sus muchos perros y gatos “porque es la hora”; así que sólo puede atendernos durante la faena. Mi coraje hacia Farías y mi apremio hacia Liebermann le dan la razón y desde el portón empiezo mi interrogatorio convencional. Además de señalar que toda la noche duerme en su casa porque termina “agotada de atender mi asociación” –Animalías, A.C., ubicada en el suburbio de Las Playas, uno de los muchos complejos construidos para los desplazados por las inundaciones de la década pasada-, sus aseveraciones expertas resulta lo más inteligente del día:

-Oiga, al principio, me molestaba que un junior como Esqueda usurpara esta labor en su provecho. Sin embargo, visibilizar nuestra causa nos dio a todos adeptos y recursos; la gente es más consciente del cuidado animal y aporta más y mejor para los que no tienen suerte de ser mascotas –descansa la mujer sobre su escoba, se quita el sudor y escupe-. Lo único que sigue sin gustarme es que la gente crea que el movimiento es un trampolín político para cualquiera que se dedique a esto debido al ejemplo de Esqueda. Es riesgoso. Una vez, Sanidad Pública vino a “inspeccionarme”, pero pienso que sólo vinieron a verificar que no imprimiera propaganda opositora u ocultara algún líder reaccionario o basura como ésa.

-¿Conoció a Esqueda personalmente? –se detiene junto al bote tras depositar los desechos de los animales dentro.

-No. Lo conocía por otros activistas y por los medios –deja los enseres y surte agua a los bebederos comunes mientras prosigue-, me había dicho que era hijo del senador Esqueda. Eso me molestó aún más, porque entonces le daba la razón a la gente sobre ciertos mensajes subyacentes, como el “rescate de los más desamparados” y el “pueblo organizado”, etcétera.

-¿Cree que otros activistas, digamos más radicales, pudieron molestarse al punto de…?

-Por supuesto que no, ¿Qué le pasa, inspectora –deja la cubeta rebosante de agua en el suelo, mojándose sus botas-? Con todo, no le deseamos la muerte a nadie. Además, si de por sí es complejo obtener recursos, imagínense si estamos en boca de todos por un crimen.

-¿Desde cuándo conocía a Rigoberto Sánchez? –Farías rompe su silencio con la pregunta menos esperada.

-¿Quién?

-El taquero. No finja demencia, Lupita.

Observo a Guadalupe acercarse, diligente, indignada, manoteando sus guantes, chaparrita pero muy bien enterada de su realidad, pateando su portón.

-Óigame, señor, me está acusando injustamente. A ver, ¿Qué pruebas tiene  contra mí? No puede venir a mi casa nada más a decir que…

-Ahórrese el drama, Lupita. Es la primera vez que conozco a alguien que sí sabe del tema, que sí ha trabajado el rescate animal de a de veras. Tiene experiencia y motivos. Y no ha contestado mi pregunta, Lupita.

-Uy, qué inteligente el detective. ¿No se da cuenta? Admito que conocía el domicilio de Esqueda y el de su asociación, porque ya era famoso. Pero no lo mataron en ninguno de esos lugares, ¿Verdad? A ver, dígame, antes de las noticias, ¿Cómo podía saber quién y dónde lo asesinaron? ¿Cómo podía conocer la taquería donde lo encontraron muerto? Y no soy ninguna pendeja, señor: Sé muy bien lo que le hacen a los detenidos en los separos de la Gendarmería. Si ese tal Rigoberto me conociera, ya me hubiera identificado, ¿No?

Farías guarda un silencio tan repentino como lo había roto. Pierde su vista en las dentelladas felices de los canes a sus croquetas y a su agua fresca. Abre la boca.

-¡Basta, Farías! Es todo, Lupita. Muchas gracias y disculpe la molestia.

-De nada, inspectora Vicencio. Usted me cayó bien.

Mi sonrisa a Lupita se termina en cuanto entramos a la patrulla y la pongo en circulación. Le indico a Quintín que apenas y nos asomaremos a SúpermasCotas, A.C., de Gervasia Jiménez, y a No Más Callejeros, A.C., de Luis Zavala, que ya no deberá formular más preguntas idiotas y que la única razón por la cual, a pesar de mi furia atragantada, seguiremos las pistas es para reunir toda la evidencia posible de que él no es ni gran investigador ni detective profesional ni una buena persona,…

¡Coño! ¡Mira cuánto guardado y tú todavía sin cambios! No, mi romano, no puedes seguir siendo el mismo. Por ti, por mí, por tu corazón y tu cerebro y tu propia realidad, fría, objetiva, concreta, por tus manos, tan arrugadas ya como las mías, por tus canas y tus dientes flojos, tan blanco ese pelo suelto y tan desdentada esa boca como lo mío, como los ojos que me contemplan en el espejo, usualmente pensando en ti, lamiendo con mis dedos resquebrajados el néctar improvisado de mi vulva que sé que ya no probarás. ¡Cuánto has cambiado y…

…sino nada más un cínico ex presidiario en busca de escaparse del país, de forma que podré disculparme con el Agente M, quien siempre estuvo en lo cierto, por no escuchar su consejo de no permitirle a Farías acompañarme, y, por último, también poder tramitar mi permuta como su oficial de custodia definitivamente, que, espero, si Liebermann aún conserva algo de consideración por mí y no está muy decepcionado de mí, me conceda durante mis vacaciones. Descendemos del vehículo en absoluto mutismo.

Nos identifico ante Gervasia, quien muy amable nos muestra la cuenta del bar donde vio anoche el 2° partido de la Serie de Campeonato de la Zona Sur –que se prolongó a 18 extrainnings– y muy consternada nos cuenta que su activismo es casi decorativo, pero que ojalá –y no se lo tomemos a mal- suban los recursos por la relevancia del tema. Nos conduce a su patio, amplio pero de altas paredes donde si acaso conviven unos cuantos perros y gatos, “que molestan a los vecinos y no hallo la forma de solucionarlo”. Afirma que le gusta ayudar, pero entre el acaparamiento de otros activistas y que el ascenso de Esqueda no le queda muchas opciones, “además que casi no tengo tiempo para mí. Si no fuera por la asistencia de mi esposo, ya ni tendría chance de ver el béisbol con mis amigos”. A mi pregunta de si Seguridad del Estado le pudo montar vigilancia, nos calla con su dedo sobre los labios: “Aún nos vigilan. Por eso, algunos patrocinadores y autoridades no nos ayudaron más en ciertos eventos. Los pocos ahorros de esos días y mi pensión de maestra es todo lo que puede ver aquí”, y extiende sus brazos mostrando la perpetua batalla contra el deterioro de su casa, en medio del populoso barrio de Atasta. Farías contempla a su alrededor mientras carga un gato ansioso, de potente ronroneo, que adormece entre sus brazos: “Volveré por éste”.

A Luis se le siente el aliento alcohólico desde sus “buenas tardes”. Ni siquiera pasamos del umbral de su departamento en la planta baja del edificio multifamiliar, situación por la cual posee un patio con unos cuántos perros. Confiesa una cruda terrible, producto de su borrachera de anoche, y por lo mismo, no recordaría bien a bien qué hizo en ese lapso. Menciona la dirección de la casa de la amiga que organizó la peda por su cumpleaños y varios testigos, nombres, apellidos, teléfonos, dónde ubicarlos, pero nada claro después de las 11:30 pm. A las preguntas usuales, lamenta que ser bebedor en exceso haya truncado su carrera de veterinario, porque le gustan mucho los animales, es la única actividad que lo mantiene sobrio y enfocado; y que no sólo no tenía noticia del crimen, sino que no tenía idea de Esqueda o de los otros activistas ni del taquero ni de dónde vivía cada sospechoso. Finaliza por medio de un eructo descarado de bouquet penetrante y añejo. Agradezco sin ganas, concluyendo que un borracho jamás habría entrampado a un tipo como Esqueda.

-Si no hay más tiempo que perder, te dejaré en su casa, Farías.

-¿Mandó a inspeccionar la carne, inspectora Vivencio?

-No –abro mi portezuela. Suspiro-. ¿Pero?

-Es carne de perro -dice Farías inmediatamente antes de encender un cigarro.

De alguna manera, me indica que no subirá al coche. Podría abandonarlo aquí, pero continúo decidida a ser tajante frente a él y este caso. Me comunico por radio al laboratorio solicitando un examen sanitario de la carne hallada en la taquería.

-Si tienes razón, habrás resuelto el crimen –me reclino sarcástica sobre el techo-: Esqueda descubre que el taquero empleaba esa carne, intenta enfrentarlo y le cuesta la vida.

-Que no fue el taquero.

-No empieces, Farías. Porque sigo muy enojada contigo y porque no has hecho otra cosa que darnos evidencia en su contra. Entiendo que te irrita la posibilidad de que lo hayan torturado, pero…

-Necesitamos hablar con Liebermann.

-¡Ja! ¡Además –me río sorprendida-¡ Olvídalo: Está furiosísimo contigo. No, no está furioso, sino lo que le sigue.

-Cambiará cuando le expliques.

-¿Explicarle qué?

-Cómo su mejor detective, la que más ama, cerró el caso más importante de su carrera.

I / II / III / IV / V / FIN

*Escritor y periodista mexicano (Villahermosa, 1982).
Ganador del Primer Concurso Nacional de Ficción Playboy 2008.
Nominado al Premio Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez 2010.
Reconocido por la UJAT en 2002 (Premio Universitario de Ensayo sobre Benito Juárez) y en 2010 (Premio de Cuento de la Feria Universitaria del Libro).
Ha publicado su trabajo literario y periodístico
en diversos diarios y revistas locales y nacionales.
En Twitter, trollea desde la cuenta @Acrofobos.
En 2017, publicó su primer libro de relatos Grimorio de los amores imposibles.
En 2018, publicó el segundo: La invención del otoño
.

5 comentarios en “Ciudadano Can / El deshielo S3E4

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .