Oler a ti era otra forma de magia. Ahora sé que te llamas Navidad porque este lugar se llama así y tú te llamas Natalia, Natividad (Psff), Nacimiento, aunque te halle en el otro extremo de ese nombre y sobre el tapiz cobrizo de la mulata que abraza mi costado con el subibaja de su respiración, los látigos febriles de sus piernas y sus brazos, sus esferas bamboleantes, su recuerdo indeleble. Despierto y hambriento, extraigo un cigarro que no puedo encender si no la sacudo de mí. Todavía no es momento para abandonar la sutileza. Me muevo lo suficiente para que su gemido quede entre nos y muy suave, muy perezosa, muy sensualmente gire 90 grados y me espere en esa posición, como anoche, que primero fue fetal, luego de cucharita, luego de almeja, luego decúbito dorsal, la que me excita más por imaginarme su despojo final y a ella también porque no lastima ni sus rodillas ni sus muñecas. Me siento sobre la cama, enciendo el cigarro y paso en un margen prudencial la punta ardiente sobre el canal que se abre pegado a sus vértebras (Ese canal por donde navegó mi propia punta ardiente, estremeciéndola, hasta culminar en el estero de sus nalgas arquetípicas), que igual la estremece soltando un farfullo adormilado. Pero mi primera fumada debe ser fuera, para no viciarle el interior. Aparto las cortinas y un sol incipiente corta al ecuador por la mitad y a mi cuerpo desnudo en varias sombras, una de las cuales se queda reposando junto a ella, otras se adelantan a mis pasos sobre la arena. El océano y yo somos el único silencio residual tras una larga madrugada de celebración. Me detengo en la franja delimitada por la humedad para después recostarme, como debieron hacerlo Antônio Conselheiro y Euclides Da Cunha, sitiados por sus delirios, sin empolvarme el culo mientras deliro contigo, Natalia, extraviada en algún punto de este enorme sertão continental. Como sea, la espuma fría y gris toca mi perineo, provocándome la misma sensación exultante al oír el último estertor, que combino con una inhalación profunda… El estertor del mar en la playa… El estertor de Altagraça la jornada inaugural, cuando fui Zdenko, un croata que falou alguma coisa pero desconocía la lambada, y le retiró la piel ebúrnea que apareció en São Paulo… Y yo debo decidirme con la morena que farfulla mi nombre a lo lejos, restriega esos mismos muslos que ayer se restregaban a mi baba seminal y separa las cortinas para refrescarse con el aire, abundante y templado. Termino mi cigarro sepultando la colilla al lado mío. Sencillo, 10 mil veces más sencillo en comparación con Gretchen, alemana como el nombre, el oro de su vello púbico, las pecas de su areola, el iris de sus ojos extraídos de sus cuencos en Fortaleza y nada más, porque yo era Metzül, alemán como el idioma, los inmigrantes turcos, el pasaporte y nada más, en esta misma ribera donde 2 auténticos alemanes terminaron sus días. Sentado y con los brazos en mis rodillas, escucho el reptar adolescente de sus pies descalzos. Me echo para atrás y la miro embrocada: Las tetas muníficas cuelgan al cielo; al suelo florece su cabello azabache; su abdomen amarescente me espía a través de su ombligo y una cuarta más arriba otro párpado sin pestañas duerme de perfil la siesta de las ganas… Suspiro cerrando mis párpados… Todavía debo decidirme… El estertor de la noche entre la Cruz del Sur y la Estrella Polar… El estertor de Eloísa en perfecto español y el acento argentino idéntico al mío, Marcelo Damián, ¿Dónde lo habrá aprendido, si según su licencia era oriunda de allí, de Brasilia? ¿Lo fingía como yo? ¿Por qué? ¿Para qué? Si no le funcionó para eludir el vaho deletéreo del cloroformo y de las llaves abiertas de su estufa… 4 anacondas obscuras se enrollan entre mi pecho y mis piernas, erizando mi nuca, una de ellas me sujeta la muñeca y la otra me coloca un cigarro en la boca y lo enciende y bloquea mi otro brazo con el suyo quitando y poniendo el cigarro, ya comprendo el juego, exhalo el humo, el filo de sus yemas surca escalofríos en mi panza, mis cachetes, mis corvas, mi barbilla, mi ombligo, mis orejas, fuma, fumo, mi occipital, mi cadera, mis cejas, mi pubis imberbe, con el dorso de los dedos rodea mis testículos mientras forma un cuenco en la arena para depositarlos allí, no tanto el bamboleo como Maria Do Belo Horizonte, Qué haces tan lejos de casa, le pregunté, italiano, Nací tierra adentro pero me encanta más Recife, me respondió, carioca, su fragante estertor desde el cuello prensado por las fibras de la hamaca durante el sexo anal… Nuestras exudaciones simultáneas… No tanto eso, coloca el misil de mi entrepierna en posición a Senegal… Mis bolas embonan perfectamente en los cuencos y sus falanges ascienden por mi codo y mi ingle, por mis hombros y mi verga… Más erección… Tampoco la fricción de mi prepucio a 24 por segundo: Los estertores de Zeita, mordisqueando en fluminense el árabe que yo le enseñaba, columpiando su pelvis y sus senos encima de mi cuerpo y la silla del hotel, convertida en estrella, iluminando Pão de Açúcar con las llamaradas que desprendía, son los que me ensanchan, me elongan, me elevan la cometa… Le devuelvo el favor a Clarice, idéntica al fantasma surgido de la de las novelas, esculpiendo con el tallo de mis uñas los relámpagos de su excitación hasta la colmena de sus labios vaginales embebidos de su propia miel, esa miel de sabor a Clarice que primero probaron mis labios bucales, anoche la punta de mi lengua, ahora mi falange distal sobre su clítoris, dentro de su vulva, alrededor de su ano… Las maravillas de su mano izquierda, de esta gemela zurda de Lais Ribeiro, las intento igualar con mi mano izquierda, su océano de almíbar y mis murmuraciones agitadas somos el único sonido en esta orilla del Atlántico, Natalia, ¿En cuál orilla varaste tú? ¿Cuántas más necesitas para poder recrearte, replicarte? ¿Qué necesitas de esta negra, su arteria femoral, la planta de sus pies, sus dientes ferozmente mamadores al minuto crucial?… Oh, Natalia… ¿Y qué con el resto de su hermoso cuerpo? ¿Lo quemo? ¿Lo desmiembro? ¿Lo sumerjo?… Oh, Natalia… En cuanto termine, tomaré sus… Oh, Clarice… Estrecha, complaciente, azafata… Oh, Natalia… Escapada, vagabunda, aeromoza… Oh, qué chingón, no esperaré a limpiarme… a regresar a la habitación… Oh, Clarice, eso me enciende más, más, más, imaginarte implume como a ella, ambas vestidas de su misma sangre… Oh, Natalia… Oh, Clarice… Oh, Natalia… Oh, Clarice… Oh, oh, oh… Ooooooooooohhhhh!!!!!

A pesar de la cobertura mediática y de la presión internacional,
Brasil no tipificó el feminicidio como delito hasta 8 meses después de su Mundial.

Una lija esponjosa absorbe el sudor sobre mi hombro izquierdo, un beso trémulo succiona el vacío de mi cuello, una mejilla reposa sobre mis vértebras cervicales, la palma de una mano derecha se cuelga de mi rostro, la palma glaseada de una mano izquierda descansa en la arena y arriba, un tibio y melancólico pene desfalleciendo. Mi mano izquierda empapada se retira, rodea su cintura y su nalga izquierda y aprieta a esta singular mujer, satisfecha e ignota, contra mi espalda. ¿E isso porque foi?, pregunto, responde previo suspiro, Mhm, cortesia:… Você ganhou uma aposta… ¿Qué?, 7-1, querido, otro sensual sollozo, Eles perderam 7-1

Tan sólo ese año, se registró en el país un promedio de 13 mujeres asesinadas diariamente, la quinta tasa más alta del mundo.
La mayoría se mantiene en la impunidad.

La línea debajo del sol comienza a acerarse. Como sábalos aún más abajo, resbalosos y extrañados, giro mi torso para mirarla a sus marrones ojos y la vuelvo a abrazar. Las olas de su resuello truenan con la roca de mi sorpresa, ¿Perderam a semifinal? ¿Contra a Alemanha? Ella me vuelve a poner su mano derecha en mi mejilla. Asiente, triste, me besa dulcemente, inundando mi boca de la saliva acre que mi propio sudor mezcló en su lengua, Agora eu sei o que você sentiu quando a Holanda os eliminou, a ella ni siquiera se le ocurre que mi asombro no es de esa clase: El milagro consiste en que ella ganó mi apuesta personal (“A que no resistes pasarla juntos sin enterarte del resultado” equivale a incrementarles la oxitocina) y le toca sobrevivir a mis encantos, a los orgasmos que le provoco, a mis técnicas de vivisección… Sonrío por inercia, uso 2 dedos de cada mano para mostrarle el signo de gato y confiarle: No era penal, se ríe, me besa, me abraza, me achicla con ese olor, ¿Cómo le robo ese aroma tegumentario, Natalia, cómo lo preservo, dónde me lo guardo?, me susurra que debemos regresar a asearnos, que la policía intensificó la vigilancia por los disturbios posteriores, que este hotel no es nudista, que le fascinó la velada, la salsa improvisada, el sexo casual y yo. Le susurro que si gusta y si puede, me acompañe, que volveré a la capital, para volar a México, por supuesto, y no por el resultado del partido por el Tercer Lugar.

 Las mujeres de raza negra fueron las víctimas principales y en los últimos 10 años, se duplicó el número de crímenes contra ellas en relación a las de raza blanca.

A praia

©Derechos reservados. KRANKOFT*. 2018

*KRANKOFT. Artista plástico y diseñador gráfico mexicano (Villahermosa, 1979).
Ha colaborado en diversos medios impresos y digitales en la región Sureste del país y en diversas exposiciones colectivas con fotografías. Damnificado de la inundación de 2007, se perdió constancia de todos los reconocimientos por su obra.

*Escritor y periodista mexicano (Villahermosa, 1982).
Ganador del Primer Concurso Nacional de Ficción Playboy 2008.
Nominado al Premio Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez 2010.
Reconocido por la UJAT en 2002 (Premio Universitario de Ensayo sobre Benito Juárez) y en 2010 (Premio de Cuento de la Feria Universitaria del Libro).
Ha publicado su trabajo literario y periodístico
en diversos diarios y revistas locales y nacionales.
En Twitter, trollea desde la cuenta @Acrofobos.
En 2017, publicó su primer libro de relatos Grimorio de los amores imposibles.
En 2018, publicó el segundo: La invención del otoño.

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2 comentarios en “A praia

  1. No logro expresar lo mucho que me encanta leerte, sin lugar a dudas mereces un lugar en esas letras doradas de escritores que traspasan todas las fronteras…eres un escritor ENORME…así, ENORME!!!! No dejes de darnos este regalo en letras hijazo de mi vidaza.

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