XV Años: Retorno a La Habana

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Con especial dedicatoria a la ’99-2004, los que fuimos y los que nos quedamos

Para leer esta crónica, espero recuerden los acordes que nos han acompañado desde entonces.

Debo confesarles que no fue lo mismo sin ustedes, damas y camajanes. Tanto por desgracia como por fortuna. Sin embargo, al igual que para todo viaje, el que se va no vuelve y si vuelve, vuelve otro. La Cuba que volvió a mis ojos resultó tan distinta que ni para el 18° Encuentro de Estudiantes de Comunicación 2017 –que, por cierto, ya no se realizan desde 2006, cuando se fue Fidel-, no reconocerían ni la piel de su noche.

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Ana Graciela: Las paladares aún existen, pero ya no son clandestinas ni cobran en dólares, por más que en esta divisa del odiado imperio se cobran los impuestos por su operación. A cambio, ya ofrecen un menú, muy bonito por cierto, que puede incluir pastas, ciertas verduras, carne que no sea de cerdo, más opciones de aguas frescas y, sí, por fin algo que pique: Salsa Tabasco.

Ana Yolanda: Muchísimos centros nocturnos de Miramar –la zona del hotel en que nos hospedamos- cerraron por diversas razones, la principal de ellas el lenocinio indiscriminado que, según Miguel (Un antiguo líder juvenil del Partido devenido taxista), “mandó a una pila de gente a prisión”. Pero los de hoy son excelentes, familiares y relativamente baratos, sobre todo si los compras en paquetes de tour.

Ancho: Las bandas de transportación de equipaje del aeropuerto internacional “José Martí” mantienen lo defectuoso. Tras mi llegada, pasajeros de otros 6 vuelos (2 de ellos provenientes de México) saturaron la sala de entrega y nos atrasaron al menos una hora. Y eso que su aduana es una de las más vigiladas y escrupulosas que he cruzado.

Beto: Contrario a lo que te puedan informar, los camellos aún transitan por las anchas avenidas cubanas, pero son más modernos, de manufactura china o europea, y siguen atascándose de usuarios, inexplicablemente en la capital del país con el mismo número de habitantes que nos recibió entonces. Nomás ya no les quieren llamar camellos, sino guaguas.

Brenda: Los cocotaxis aún existen, circulan y sus choferes te permiten tomarte una foto sentada al manubrio. Pero son tan caros y te ofrecen ahora más y mejores variedades de transporte local –por ejemplo, paseos en autos antiguos-, que prácticamente se redujeron a pochis habaneros que nomás te llevan al hotel más cercano.

Cheo: Ya no alquilan motocicletas. Ya no viajan tantos regiomontanos. A cambio, los ingredientes 100 % importados elevaron sustancialmente el nivel de la piña colada y los mojitos. Ah, y las habitaciones todavía permiten a un eventual tercer pasajero.

Gabriela: La cantante que nos bajó, billete a billete, como 33 dólares aquella noche inaugural en Cuba, pasó 2 años en la cárcel bajo cargos de defraudación al turismo. Al salir, continuó en las variedades, pero sobre los escenarios de la calle, obtuvo una irrisoria pensión de vejez por parte del Estado, y falleció en 2007.

Eddy: Los edificios de PRELA y el ICRT continúan incólumes, aunque más pintados, sobre las avenidas de El Vedado donde pululamos en busca del periodismo local. Los canales de la TV abierta resultan más variados, pero con una fuerte línea de los amigous: Venevisión (Chavista), CCTV (China comunista), RT Actualidad (Rusia prosoviética); Anur TV (Antisemita, Antiyanquista, antiderechos humanos), y Telesur (Izquierda sudamericana) todo en español fluido y comprensible. Al menos, ya le bajaron a la propaganda castrista y ahora todo orbita alrededor de la figura, incontrovertible, de José Martí.

Karla: La piscina ya cuenta con agua clorada, algo que sabría mucho más dulce, pues, que la salitrosa agua en la que te encantaba jugar voleibol. Lástima que durante mi estancia, estaban arreglando toda la zona recreativa, así que no valía la pena bajar a explorar. Y su playa, en otoño, es francamente horrenda como para pasear descalzo sobre sus breves olas.

Lorena: Las cajitas ya no las venden dentro de tales y en tendejones abiertos hacia las salas de algunas casas. Se ofrecen con ese mismo nombre y siguen considerándose comida de la clase trabajadora (Carne de cerdo pasada por aceite hirviendo, moros con cristianos secos y lajas de plátano frito), por lo cual cuestan prácticamente igual; pero te los sirven en un plato, con alguna guarnición extra, agua o limonada o refresco, y ya los puedes pagar en otra moneda además del peso cubano.

Lupita: El centro nocturno al que acudimos para que Lobo ganara su concurso de karaoke y tú y yo bailáramos salsa por única ocasión, también cerró. Se convirtió en un extenso restaurante que ofrece comida internacional y música cubana de todo tipo, detrás de la Embajada de Corea del Norte, pero sus horarios no sobrepasan las 11:00 de la noche y no se puede consumir sólo bebidas.

Mayra: La sorprendente máquina soviética de partir naranjas, exprimir su jugo y servírtelo en un vaso de cristal se descontinuó en 2008. La reemplazaron por una no menos sorprendente máquina francesa de combinar 8 excelentes infusiones distintas, desde chocolate y café –con y sin leche- hasta té verde, y servírtelas en una taza de loza. Fuera de eso, en tamaño, mantelería, vajillas, instalaciones, climatización, decoración, servicio y variedad de comida, el restaurante del hotel continúa idéntico (Por cierto, man’ta, ¿Quién se quedó con la manta del Encuentro, si evidentemente ya la habían podido subir a tu habitación?).

Patronni: La Tribuna Antiimperialista, las masas mensualmente convocadas a la Plaza de la Revolución, la alta cotización de la moneda de 3 pesos del Che, las prohibiciones poéticas, literarias, económicas, el exceso en las tarifas del taxi, las banderas rojiazules, las efigies barbudas y las líneas valientes por doquier se desvanecieron como nuestros sueños de arar en el mar, si es que yo poseía alguno al cruzar el Golfo de México 2 veces. No más juventud rebelde, no más hasta la victoria siempre, no más lecturas de Fernández Retamar al atardecer. Lo peor: Ni siquiera puedes hallar una antología de José Jacinto Milanés.

Pollo: Las becas existen, iguales pero mejoradas. Gracias a coinversiones chinas, venezolanas y árabes, algunas incluso ya se ubican en el corazón de La Habana, pintadas, de 20 pisos o más, con climas y menos alumnos por habitación, tan orgullosas que cerca de sus azoteas, para que todos las vean, figura el rótulo “Residencia estudiantil”, y por sus calles –algunos cuentan con estacionamientos- circulan, a pie o en coche, futuros médicos en batas, futuros ingenieros con planos enrollados, futuros comunicólogos en playera, pantaloneta y alpargatas.

Robin: “Hay un guardia en cada crucero de la ciudad” se reemplazó por “con problemas de seguridad como cualquier ciudad del mundo”. Y aunque ciertamente la sensación de ubicuidad policial se ha borrado bastante (Notorio por cuanto se asoma mucha más gente a pedirte caridad), aún se pueden respirar los vientos de la madrugada con tranquilidad caminando sobre cualquier acera.

Rocío: “La zorra y el cuervo” y aquel otro bar para recitales de trova de Puntal Alto desaparecieron, por razones expuestas arriba: Básicamente, resultan más rentables los restaurantes y las tiendas de souvenires. Los bares de ciertos hoteles disponen un día a la semana para el jazz, afro y latino, y aunque la música es buena, el ambiente no suele serlo. Por otra parte, algunos restaurantes realizan el mismo movimiento (Ofrecer repertorio especializado), pero dado que la mayoría de su público lo conforman los cubanos, se pone mucho mejor –bajo tu propio riesgo-.

Sarai: Las pizzas saben mucho más deliciosas, considerando que ya les ponen carnes frías y se hornean en aparatos un poco más modernos. Te ofertan más refrescos: Siguen tomando “TuKola”, original, naranja o lima-limón, pero ya existe otra marca, “Claro Cienfuegos”, que además produce agua pura, muy rica y embotellada, y cerveza, para los que no probaron otra cosa que la “Cristal”. La sinagoga que visitamos sigue en su lugar y ya permiten trabajar abiertamente a iglesias de todo credo, pagando su correspondiente impuesto, como Dios manda.

Tincho: La Asamblea Nacional discutirá este verano, en pleno, la legalización de los derechos de la comunidad LGBTTP: Matrimonio, adopción, libre circulación de obras de autores de este grupo social, conciertos de Ricky Martin, etc. Un buen tramo del Malecón, particularmente el que va de El Vedado a Habana Central y particularmente a partir de las 6:00 de la tarde, brinda un panorama completo de las razones: Lo que era secreto de Estado a voces se ha vuelto industria potencialmente fiscalizable. De aprobarse –junto con el nombramiento del sucesor de Raúl-, la nueva baza de la economía cubana, el turismo sexual gay, vencerá en definitiva a Cancún.

Vanessa: Los vuelos de Cubana de Aviación dejaron de provocar la sensación de peligro durante los descensos. En lugar del golpe escalonado que hizo gritar a la mitad de los pasajeros aquel abril, se puede ir viendo las cercanías de la Isla de la Juventud, Pinar del Río, y el extremo occidental de la provincia de La Habana hasta aterrizar no tan suavemente –eso no lo han remediado aún- sobre el aeródromo rodeado de la misma barda de block y la misma vegetación sin podar. Tampoco cobran los 20 dólares para la salida, lo que constituyó una de mis mayores sorpresas, pues pude disponer de ese dinero extra para los viáticos.

María José: El CDR de Habana Vieja que visitamos se congeló en el tiempo. El centro de aquel barrio, increíblemente más agitado a medida que sus vecinos pueden dedicarse a trabajar en lo que quieran, no se ha visto perturbado ni con la apertura de tiendas tipo Oxxo a sus alrededores. La casa donde cenamos tiene un color amarillo ocre con las mismas columnas jónicas y el mismo portoncito menos oxidado. El parque donde platicamos aquella noche mantuvo el mismo número de árboles, y algo de bullicio infantil permanece por las tardes cuando juegan, ya no béisbol, sino futbol. Incluso, leves susurros de nuestra larga conversación rebotan todavía en el aire mineral de la misma banca donde nos sentamos a intercambiar confidencias.

Espero no haberme olvidado de algún@ de ustedes…

Lobo: Consuelo, la camarera de nuestra habitación en la torre Neptuno que conocimos únicamente a través de la papiroflexia de las toallas, ahorró nuestros 5 dólares de propina y muchos más a lo largo de sus 7 años de duro trabajo, se graduó en Administración Hotelera y salió de la Isla para nunca volver. Por puro azar, la habitación de este viaje era el simétrico opuesto a la de la anterior: Misma torre y mismo 7° piso, pero a la derecha del pasillo y con vista al mar. Sin embargo (Con todo y que eres el carnal que nunca tuve), quien me acompañó en el cuarto por esta ocasión te superó en varios aspectos.

*Escritor y periodista mexicano (Villahermosa, 1982).
Ganador del Primer Concurso Nacional de Ficción Playboy 2008.
Nominado al Premio Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez 2010.
Reconocido por la UJAT en 2002 (Premio Universitario de Ensayo sobre Benito Juárez) y en 2010 (Premio de Cuento de la Feria Universitaria del Libro).
Ha publicado su trabajo literario y periodístico
en diversos diarios y revistas locales y nacionales.
En Twitter, trollea desde la cuenta @Acrofobos.
En 2017, publicó su primer libro de relatos Grimorio de los amores imposibles.
En 2018, publicó el segundo: La invención del otoño.

2 comentarios en “XV Años: Retorno a La Habana

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