Tú, ¿Matarías a estas bellezas?

Tugce Albayrak 3
Tuğçe Albayrak

De todas las formas de violencia contra las mujeres, la que menos entiendo es el asesinato. ¿No les basta, muchachos, con amueblarles un mundo opresivo, sutil o abiertamente, desde la casa hasta la comedia? ¿No les basta su constreñida madre para comprenderlo?

Ah, pero qué diablos: Existen culturas que aprueban que sus varones degraden a sus propias progenitoras; y también hay quiénes defienden esas expresiones a nombre del estúpido relativismo cultural.

Obviaré atrocidades por todos conocidas, como las que diariamente cometen talibanes, Boko Haram, el Estado Islámico, y desde hace siglos cualquier Estado islámico: Ablaciones, latigazos, mutilaciones, violaciones, lapidaciones, matrimonios comprados y la novedad: Si es lesbiana, se le empuja al vacío desde 30 metros de altura.

(¿Para qué matar a Kayla Jean Mueller, trabajadora humanitaria de 26 años, secuestrada en Aleppo, Siria? ¿No les bastó intentar extorsionar a su familia y a Washington por 7 millones de dólares –sí, en el fondo nunca es ideología, siempre es dinero-, sin lograrlo? ¿Sólo porque era estadounidense, caucásica, liberal?)

MERVE
Merve Büyüksaraç

Claro: Ciertos países, incluido México, han dado pasos legales para proteger a sus chicas, pero casi nada de pasos culturales.

Una monstruosidad reciente: Özgecan Aslan, una estudiante de psicología de 19 años, regresaba a casa en camión. Como era la última pasajera, al chofer se le ocurrió desviarse hacia una carretera desierta, estacionarse y violarla.

Cómo andarán las cosas en Turquía que ella venía ya preparada y esparció gas pimienta al rostro de su agresor.

El chofer, no conforme con el forcejeo, el spray y los arañazos en la cara, la siguió, la acuchilló y la golpeó con una barra metálica hasta matarla. Aparentemente, violó también el cuerpo ya sin vida.

Sobre el valor de la mujer –en tanto ser humano– para buena parte de hombres turcos, grita fuerte la ayuda brindada por el padre y un amigo del perpetrador.

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Özgecan Aslan

Primero, se internaron en un bosque, donde le cercenaron ambas manos –temerosos del ADN que había quedado en las uñas–; luego, la quemaron, la metieron en una bolsa y la arrojaron a un arroyo. Exacto: Como hicieron en Cocula.

Ahora, un poco de perspectiva. Sí, es cierto, hombres vestidos en minifalda salieron a las calles para protestar. La indignación por el horror contra Özgecan recorrió el país y el mundo, las mujeres, en desafío al Imán de su comunidad, cargaron su féretro, se pronunciaron contra la legislación conservadora y se dispusieron a confesar toda la violencia de que son objeto allá.

Pero, ¿Conocen el principal motivo de la furia, aparte, por supuesto, de tamaña sevicia contra una chica que, pese a gozar de una beca, trabajaba –y cuyos padres habían regresado a trabajar- para pagarse sus estudios?

“La sociedad siempre busca un pretexto para pensar que la mujer en el fondo tenía cierta culpa. En el caso de Özgecan no hay disculpa: Sólo se subió a un minibús para volver a casa. La muchacha no había bebido alcohol, el asesino no era su novio, ella no se había aventurado a la calle sola de noche y ni siquiera llevaba minifalda”, arguye Aysun Eyrek, activista.

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Érika Kassandra Bravo Caro

Es decir, y ella misma lo reconoce lo que escribí líneas arriba: En otras circunstancias –y quizá quitando el asesinato-, se hubiera tomado como cualquier otra de las más de 60 mil agresiones contra mujeres que se registran* cada año en Turquía.

Una más como ésta: En enero, la Fiscalía turca arrestó y pidió 2 años de cárcel para su Miss 2006, Merve Büyüksaraç, por el delito grave de parodiar la letra del himno nacional, satirizando al gobierno islamista del presidente Recep Tayyip Erdogan, postearlo en su Instagram y que lo compartieran 960 mil personas.

(*Es un decir: El propio sistema de justicia turco inhibe la denuncia plena, con su consecuente secuela de amplia y machista impunidad.)

Dejemos aquellos países, lejanos y bárbaros y veamos cómo somos en la civilización occidental, donde uno crece con un machismo al menos moderado y una educación que modera todavía más ese machismo.

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Anayeli Bautista Tecpa

Asomémonos a Alemania, a un restaurante de McDonald’s, que es igual a las 300 sucursales, en Offenbach, la madrugada del 15 de noviembre pasado.

Niñas: Imagínense que están cenando con los cuates y escuchan gritos y forcejeos en el baño de mujeres, ¿Qué harían?

Incluso antes de plantearse la pregunta, una estudiante normalista de 22 años, Tuğçe Albayrak, salió corriendo al baño y defendió a un par de muchachas, de 13 y 16 años, enfrentando a su agresor y, casi sin ayuda, sacándolo del establecimiento.

Tras el escándalo, decidieron, ella y sus acompañantes, retirarse. Pero en el estacionamiento ya la esperaba el agresor con una barra metálica, le salió al paso y le asestó 2 golpes directos a la cabeza. La caída al pavimento agravó las heridas del cráneo y cayó en coma.

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Kayla Jean Mueller

Sus padres, inmigrantes turcos que supongo abandonaron su país para prosperar y darle una mejor vida a su hija, decidieron desconectarla el 28 siguiente, el día de su cumpleaños número 23.

Conociendo tan terrible destino, repito, niñas: ¿Qué harían?

De esta civilización occidental, subrayo que ningún trabajador del McDonald’s atendió el incidente; que ninguna de las adolescentes salvadas se ha presentado a declarar, siquiera por la memoria de su heroína (lo que ha desatado especulaciones sobre su participación activa en prostitución y trata de blancas); y que en un contexto de racismo islamofóbico, Berlín se negó, pese a las miles de peticiones, no sólo a entregarle una Medalla al Mérito Cívico a una alemana con orígenes árabes sino que también se reservó el derecho de condenar la depravación cometida contra Özgecan.

No olvido que su primera ministra es una mujer, Angela Merkel; pero tampoco que gobierna un país con una alta tasa de inmigración turca y musulmana. Vaya, que juega en la política al fin y al cabo.

Y si mis capacidades no me dan para entender el asesinato de mujeres, de las únicas criaturas bellas, por dentro y por fuera, que justifican la existencia en esta vida y en este planeta, menos entiendo el silencio.

El silencio por igual de feministas y de feminazis, de políticas y legisladoras, de las políticamente correctas y de las que confunden un piropo con acoso. El silencio de prestarse a un infidelidad en vez de obligar al macho a que elija a una; de las ventajas otorgadas en procesos de divorcio y adopción, y ciertos empleos; de entregarse a simulaciones en pos de alcanzar -y cuando alcanzan- puestos decisorios (¡En Chile, una niñita de 12 años desafía a una Señora Presidenta de 63 por su derecho a morir!).

Silencio oficial, resistirse a emitir alerta de género, en Michoacán, donde aparecen Érika Kassandra Bravo Caro, enfermera de 19 años, a orillas de la carretera a Uruapan, estrangulada, apuñalada y desollada,  ultimada supuestamente por su padrastro pero con métodos del crimen organizado y siendo hija de Luis Alberto Bravo Navarrete, asesor jurídico de la indomable Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación en Michoacán (CNTE); y María Elena Mójica Gama, de 33 años, trabajadora de un taller mecánico, cerca de la Plaza de Toros de Ziracuaretiro, lapidada y todavía en llamas, sacrificada por su condición de homosexual.

Costra de silencio cotidiano que en México prevalece sobre Ciudad Juárez,, Chihuahua (más de 300 muertas y mil 800 desaparecidas, desde 1993), sobre el DF (Anayeli Bautista Tecpa, destacada alumna de la Facultad de Química de la UNAM, secuestrada y asesinada pese al pago de 100 mil pesos) y sobre Ecatepec, México (entre 16 y 25 cadáveres de mujeres halladas en canales de aguas negras), entidades cundidas de crímenes de odio que no se investigan ni se nombran ni se castigan.

¿Felicitaciones por el Día Internacional de la Mujer?

Felicítense por esto: En Tabasco (Donde la Fiscalía General dio carpetazo al asesinato de Janeth Salvador Leyva consignando a su hijo pero sin llamar a comparecer a su marido, hoy prófugo), durante 2 meses consecutivos sólo mujeres integraron la Mesa Directiva del Congreso. Ninguna (Ana Bertha Vidal Fócil y Casilda Ruíz del PRD; Liliana Madrigal, del PRI; y Araceli Quevedo, del PANAL) presentó por lo menos alguna iniciativa para el matrimonio gay, la despenalización del aborto o la eutanasia. No: Renunciaron para buscar el próximo hueso.

Y de nuevo el silencio.

*Escritor y periodista mexicano (Villahermosa, 1982). Ganador del Primer Concurso de Ficción Playboy 2008, nominado al Premio Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez 2010. Reconocido por la UJAT en 2002 (Premio Universitario de Ensayo sobre Benito Juárez) y en 2009 (Premio de Cuento de la Feria Universitaria del Libro).
Ha publicado artículos sobre temas variados y relatos de ficción en diversos diarios y revistas locales y nacionales. En sus blogs (Aquí y en El desprendimiento del iceberg) y su Twitter (#AhoraResulta por @Acrofobos) se puede hallar el despliegue de su obra literaria y periodística.

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