Archipiélago Tabasco

Las 10 mentiras que jodieron a Tabasco

Un drama real que ha sido paulatinamente soslayado por todos, a izquierdas y a derechas, sin explicación ni soluciones. Una queja ante las personas que se supone que, con mayor información y sentido crítico, debieran abrir un canal para contrastar los partes oficiales.
 

 

4.- “El desastre se enfrentará sin protagonismos de ninguna clase”

 

Otra perla de Calderón. Comenzando por él, quien se regocijó en 8 visitas a la entidad durante la tragedia para “revisar personalmente el desarrollo de los trabajos de reconstrucción” (y que se limitaron a las fotos habituales de entregar despensas y echarse la pala al hombro, eso sí, siempre vistiendo su gorra verde olivo con 5 estrellas y el escudo nacional bordados en oro), el aparato gubernamental llegó para un operación de propaganda, la más redituable de todo el sexenio.

7 de las carteras más importantes del gabinete federal –Gobernación, Defensa Nacional, Marina, Educación Pública, Desarrollo Social, Salud y Trabajo y Previsión Social-  convirtieron el Hangar Presidencial del Aeropuerto Internacional de Villahermosa Carlos A. Rovirosa en Centro de Operaciones, con sus respectivos secretarios al frente. Salían a giras esporádicas, acompañaban a su jefe en las conferencias de prensa dictando sus reportes diarios y, si surgía el tema, acaparaban la nota principal. No hubo nadie que no promoviera su imagen. Dependencias apenas relevantes, como CFE, PEMEX y CONAGUA llegaron a los primeros planos mientras muchos otros encargados de Despacho sobrevivieron en su puesto mucho más de lo esperado. Pese a su cuestionable papel y desempeño, la magnitud de la catástrofe los blindaba aun de casi todos los ataques de la prensa crítica. Todos se lucieron con miras a mejorar su aceptación pública como “Gobierno Usurpador”, pese a sus torpezas flagrantes.

Es más: La crónica más sencilla habla del panista caminando el martes 30 de octubre en un despedazado malecón Leandro Rovirosa Wade, a pasos de la orilla desbordada del Grijalva, sonriendo y saludando, nervioso tanto de hacerlo cuanto de lo que veía, pues sus asesores de Los Pinos le advirtieron que sólo iría a la pose para los medios, como si fuera un desastre más que aprovechar, igual al de Oaxaca y Guerrero de hacía 10 días. En cuanto se topó de frente con la realidad, canceló su agenda –que debido a esa frívola falta de previsión, le programaba su segundo viaje internacional, a Centroamérica- y decidió entonces instalarse en pleno en Tabasco.

El gobierno estatal, no menos controvertido, enseñó su mejor faceta: Las relaciones públicas. Aunque se vio forzado a “reconocer” a Calderón a cambio de nada, políticamente hablando, todavía tenía suficientes agallas para exigir abiertamente en cada rueda de prensa –que se transmitía en cadena estatal, por radio y televisión- no sólo dinero fresco e inmediato, sino lo demás: Tarifas de luz bajísimas, condonación de la deuda eléctrica engrosada por la Resistencia Civil del PRD local (el objetivo, obvio era debilitar socialmente el movimiento), subsidios costosos de recuperación (que comprendían desde los vales de 10 mil pesos cada uno para compra de muebles y electrodomésticos hasta las risibles cantidades para la reparación total de las viviendas dañadas) y la exención de impuestos, cosa que lo hubiera congraciado con el empresariado tabasqueño.

Ciertamente, la tragedia es la peor en la historia moderna de México, pero nunca antes las pretensiones de un Jefe de Gobierno fueron más estúpidas y ofensivas –por cuanto hablaban a nombre de todo mi pueblo que lo había elegido democráticamente- ni la respuesta más inapropiada hacia ese mismo pueblo. Porque en medio del regateo entablado, hubo apretones de manos, abrazos, sonrisas conjuntas, promesas y más promesas; pero, al fin, nada de nada. O bueno, sí: Siendo justos, hubo fotografías en inserciones comerciales en medios impresos y electrónicos de orientación oficialista; coberturas desbordadas, no sobre las condiciones reales de mi tierra y su gente tras el desmadre, sino sobre el valeroso actuar de un puñado de ciudadanos anónimos, valientes y supervivientes, es verdad, pero reflejo de muy poco; y sobre el de sus gobernantes, faltaba más. Y mentiras, de todos colores, texturas y sabores, algunas de ellas, tan reiterativas –o tan poco desmentidas- que persisten hasta la fecha.

En este plano, además, los medios hicieron lo suyo. Juan José Padilla Herrera me confesaría un ejemplo 7 meses después: El corresponsal del periódico El Universal, Roberto Cisneros, vino exclusivamente a hallar los muertos que nadie le reconoció. Como él, casi todos los corresponsales y enviados traían la misma asignación informativa: Carlos Marí, del Reforma; Armado Guzmán, de La Jornada; José Chablé, de El Heraldo de México; Kristian Antonio Cerino, de la agencia española de noticias EFE; Salvador García, del Milenio, y un largo etcétera. Los que mencioné son, de hecho, periodistas tabasqueños pagados por diarios nacionales que, unos y otros, por diversos motivos, no indagaron lo suficiente. Medios electrónicos, sobre todo Televisa y Televisión Azteca, presenciaron en directo algunos de los errores más garrafales del gobierno. Favor de obtener la grabación de las 11:15 de la noche del 1º de noviembre, con un asombrado Sergio Vicke a punto de cerrar programa en el cruce de las avenidas Gregorio Méndez y Gil y Sáenz con el agua cerca de las rodillas –y subiendo- e iluminado todavía por el alumbrado público. Por si no lo notaron, es un prueba fehaciente, en cadena nacional, de que la CFE aún no suspendía el servicio eléctrico en zonas anegadas, lo que acusó muertes por electrocución a unas cuadras del sitio del enlace. Cadáveres y otras muchas vicisitudes interesantes hubo, pero se soslayaron a pesar de la cercanía y la oportunidad, 2 requisitos indispensables –y prácticamente difíciles de encontrar- para la práctica del oficio. Con todo, se lucieron con el material fácil de la noticia, el boletín de prensa, la crónica y la entrevista, pero quizá el futuro les reproche la valiosa e insustituible información que dejaron perder.

A este respecto, por cierto, sería bueno enumerar los desmanes de los presidentes municipales, igual de pintorescos que hace cuarenta años. Como no caben, mencionaré dos: Freddy Martínez Colomé, alcalde de Macuspana, perredista, nunca instaló el Comité de Protección Civil de la comuna, como lo hicieron las 16 restantes desde septiembre con los anuncios de los huracanes Dean y Félix, contrario a la Ley Orgánica del Municipio Libre, que obliga a los jefes del Ejecutivo de este nivel encabezarlos. Y: Evaristo Hernández Cruz, alcalde de Centro (en el que se ubica Villahermosa, no como erróneamente lo describen los medios nacionales, desprovisto del más elemental sentido de la precisión periodística), priísta, descubierto de paseo en París durante esos días aciagos; había tramitado –e iniciado- sus vacaciones, cuando se enteró por Internet lo que ocurría en sus propio vecindario. Y hay mucho más.

 

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