Archipiélago Tabasco

Las 10 mentiras que jodieron a Tabasco

Un drama real que ha sido paulatinamente soslayado por todos, a izquierdas y a derechas, sin explicación ni soluciones. Un clamor a instituciones como la UNAM para que DEJEN DE SOLAPAR la estulticia gubernamenta.
 

3.- “Los cambios climáticos y la luna llena fueron las causas del desastre, se reconozca o no”

 

Felipe Calderón, rodeado del tufo político derivado del fraude electoral y la no tan protocolaria manera en que se apropió de la Presidencia, se ha acostumbrado a callar voces críticas, incluso con antelación. Sin importarle las evidencias más contundentes y lógicas a su vista y a la vista de sus propios colaboradores; sin importar su condición ventajosa de Jefe del Ejecutivo Federal –más y mejor informado, mayor margen de mando y maniobra-; sin importar, en fin, que Tabasco ya vivía sumido en la mentira impiadosa y que, por lo demás, sus habitantes podrán ser “educativamente rezagados” pero no estúpidos, el panista prefirió ignorar las causas verdaderas e inventar otras, mismas que la gente se fue creyendo.

En vez de usar su elevado cargo para contrarrestar los guadañazos de la mentira, se deshizo en elogios para el gobernador Granier y diseñó para exponerla, con ayuda el director de la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA), José Luis Luege Tamargo, y de la propia CFE, Arturo Elías Ayub, la absurda tesis del tapón de pleamar en la gigantesca desembocadura, no de un afluente, sino de uno de los sistemas hidrológicos más caudalosos del planeta: El que conforman juntos los ríos Grijalva y Usumacinta. La increíble temeridad con que ante la población entera, la que salió dañada y la que iba a apoyarnos, Calderón Hinojosa afirma que nuestro desastre en realidad aparentemente es cíclico, sólo puede explicarse con móviles políticos. Ninguna evidencia sostiene el andamiaje elaborado para mantener el orden de gobierno –frente a la posibilidad galopante de un estallido social-, como se hizo otras veces para el PRI en Oaxaca y en Puebla.

De entrada, las rachas dejadas por el daño colateral del huracán “Dean” fueron suficientes para saturar los vasos de agua e incrementar algunos lechos ramificados del Alto Grijalva –el Samaria, el González y el Mezcalapa-, a principios de octubre, mes funesto en materia de precipitaciones en la entidad. Por si no fueran suficientes estas excusas meteorológicas, a partir del 20 de octubre –con un notable desfasamiento respecto a la temporada usual-, se concatenaron los primeros 3 frentes fríos, mismos que, según indicadores pluviométricos y termométricos de la Universidad Nacional Autónomo de México (UNAM), fueron los más lluviosos y helados de la historia reciente. El problema es que para cuando de deshicieron con toda su furia en la Llanura Costera tabasqueña, no existía oquedad alguna que resistiera sus embates: En el transcurso de una semana, el río Carrizal, el brazo más amplio del Mezcalapa, al oeste de Villahermosa, subió su nivel de 5.6 metros

 Aunado a ello, la deforestación y el cambio a uso de suelo agrícola acabó con el medio natural de absorción de manto freático: La flora. Hectáreas enteras de bosques y selvas dieron paso o a desarrollo urbanos o a sitios industriales o a tierras de cultivo agropecuario, todos ellos lugares que no sólo no pueden embalsar sin riesgo el agua desbordada, sino que además son afectados gravemente, a su vez que, por ejemplo en zonas de relativa orografía –como el la Región de la Sierra, al sur de Tabasco- pueden afectar con deslaves o escurrimientos imposibles de detener por arriba o por debajo del subsuelo.

Hasta aquí, el cambio climático y la mano del hombre se revelan culpables. El problema es que se pretende desvincular al Gobierno (así, como entidad dirigente del Estado Mexicano, sea cual sea el nivel, la extracción partidista o el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial) de ambos factores. Y el más evidente, documentado hasta por la prensa nacional e internacional, fue el manejo del Complejo Hidroeléctrico del Alto Grijalva –único en el mundo- a manos de la CFE y de la información en el Pronóstico del Tiempo Climático, a manos de la CONAGUA, curiosamente las dependencias resguardadas bajo la versión hechiceril del plenilunio. Sólo para subrayar la dimensión de la mentira burda, su fuente “científica” la describió Jaime Maussan -si no mal recuerdo, ufólogo, no especializado en la Tierra, sino en otros planetas- en su artículo de Tercer Milenio del 28 de octubre de 2007, página publicada en varios periódicos.

Mientras la CONAGUA decretó el 24 de octubre “lluvias quizá por encima de los 70 mm”, pronóstico no sólo errado, sino irresponsable por la simple imprecisión de cuánto más, la dirección general de la presa Miguel Álvarez del Toro, conocida como Peñitas, decidió “turbinar” (término para describir las descargas excesivas de agua previstas para que la cortina de concreto no ceda al peso y la presión del afluente) 456 metros cúbicos por segundo. Si ambos datos no son elocuentes y los medios oficiales convenientemente no los esclarecen, el milímetro de lluvia se multiplica por la superficie que recibirá las lluvias; y, por su parte, un metro cúbico equivale a mil litros de agua. Saquen la calculadora. Ateniéndonos al pronóstico de la CONAGUA, 70 mm en 2,138 metros cuadrados de territorio nacional –superficie que, en geometría básica, son iguales a 2 mil 138 millones de milímetros cuadrados- resultan en 149 mil 660 millones de milímetros cúbicos. Para sacar la equivalencia en metros cúbicos –y por tanto, a litros- se divide este cifra entre mil millones. 149,66 metros cúbicos. Con el segundo dato, descubrimos la escalofriante verdad incluso entre las propias omisiones oficiales: Lo que nos cayó del cielo fueron 149 mil 660 litros de agua pluvial en apenas las primeras 24 horas del desastre, más lo que escurría desde el Altiplano Chiapaneco, otros 456 mil litros, literalmente, a cada instante de ese jueves.

Simplemente, la marea más alta de la luna llena más cercana del año a nuestro mundo no hubiera podido “taponear” aquel caudal de por lo menos un millón de litros diarios –un ejemplo minúsculo- que, valga decirlo, ni siquiera llegaría compactado a Frontera, sino quedaría desparramado entre los boquetes abiertos de nuestra ignorancia proverbial, nuestra apatía social y, sobre todo, nuestra carencia infraestructural.

Radical Group. Derechos Reservados. 2008.

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