Radicales dixit

Díos mío, danos una dictadura, por favor

Razones de peso -y centavo- para desear que la manu militari se instale en mi país de una vez y, al menos, por una década, total que, para lo que falta, la lista siguiente no serán argumentos, sino pronósticos.

 

1.- Manotazo para cerrar filas

 

Al estilo de la Junta argentina, se acabarán políticos y civiles, partidos, gremios, sindicatos, agrupaciones, se acabarán las personas cuandos sus derrechos civiles sean cercenados de tajo desde el cuartel. Se acabarán, con lágrimas en los ojos, la eterna polarización entre espurios, peleles, derecha y más allá, fraudes, desquites, tepocatas y demás; y legítimos, peje, izquierda y menos acá, fraudes, luchas tribales, gallos y demás. Los gorilas en verde desterrarán al ritmo de fanfarrias la gresca entre democracia e impostura para unirnos en torno a la represión, la vigilancia extrema, el Estado de Sitio y el toque de queda. México, por fin, será el país que siempre quisieron héroes nacionales como Hernán Cortés, Antonio López de Santa Ana, Ignacio Comonfort, Porfirio Díaz, Plutarco Elías Calles, y el PAN de inicios de milenio: Firme, seguro, en una sola e incontestable dirección, que progresará económicamente y se enganchará en el “concierto de las naciones”, como las muy populares “presidencias” de Francisco en España, Augusto en Chile, Jorge Rafael en Argentina, Juan en Perú, Roberto en Uruguay, Jean en Haití, Rafael en República Dominicana; donde las reformas no serían discutidas, sino puestas en marcha sin mayor demora para convertirnos en la potencia mundial que siempre fuimos hasta que los Estados Unidos nos quitó la mitad del territorio que, porqué no, podríamos recuperar. Futuro muy prometedor.

 

2.- Nuestra importancia relativa

 

Tras años de Doctrina Favela y Doctrina Estrada, México se convertirá en blanco de la comunidad mundial por las flagrantes violaciones a los derechos humanos y volveremos a ser noticia en esos países que, afortunadamente, excelentes discípulas de nuestras contribuciones al Derecho Internacional, no intervendrán ni reconocerán otro poder que el central ni, con mucho, subvencionarán algo llamado disidencia, revolución o contragobierno. Volveremos a ser tema de libros, canciones, películas, conciertos, nuestros exiliados en el extranjero, nuestros políticos de oposición, intelectuales y artistas -asilados en otras naciones o clandestinos en la nuestra- acapararán las entrevistas, los testimonios, los datos de cómo prospera la mano dura mexicana. Avalanchas de declaraciones que, también por fortuna, no vendrán acompañada más que de algunos dólares para algún intento de rebelión y, si mejor nos va, tendremos empleo -forzado, mal pagado, bajo amenaza incluso- cuando organismos multilaterales nos otorguen la sede de algún evento como el Mundia de Futbol -1978-, los Juegos Olímpicos otra vez -1936, 1968, 1980, 1984, 2008-, Juegos Panamericanos -1991-, Copa América -1957, 1971, 2007-, o algo así, a despecho de los airados reclamos de estúpidos ignorantes que cometen la indecencia de mezclar deportes con política. En fin: Entre maravillas del hombre, patrimonios naturales y culturales de la humanidad y empuje de alto rendimiento, México tiene para figurar un buen rato a costa de las garantías individuales.

 

3.- Formalizar los malos modales.

 

Si ya existen monopolios diversos, oligarquías económicas y sectores abiertamente cleptocráticos; si ya existe abulia por defender la democracia; si los medios son comparsa y las universidades, públicas y privadas, cantera de la apatía, el desorden y la mentalidad galopante de lo mínimo indispensable; si la clase política, el presidencialismo, las “grillas internas”, los partidos, las organizaciones no(tablemente) lucrativas copan el panorama de la regeneración del sistema; si, pues, la sociedad en general no defiende las elementales aplicaciones de la ley -en materia legal, jurídica, social, fiscal, laboral, educativa, mediática, política, económica-; si se discrimina a la mujer, al niño, al anciano, al homosexual, al prieto, al indígena, al naturalizado, al joven, al estudiante, al pobre, al discapacitado, al de provincia, al inmigrante -legal o iegal-, al que usa su cerebro por sí mismo y no tiene porqué mostrar espíritu gregario; si, al fin, vale madres que una legislación estatal sea revocada por leguleyos federales para romperle el hocico a los hipócritas del Federalismo, a los retractores del Centralismo; a la gente que votó por impedir que sus servidores públicos se dedicarán al proselitismo y no al servicio público; a los proclamadores del respeto a la soberanía popular en una entidad o en un municipio o en una villa; a mi libertad de conciencia jamás puesta en la mesa, nudo relevante para librar otras libertades en automático; a los menos interesados en revelar la gran mentira que es negociar, repartir, callar, cabildear, intentar, reclamar, modificar, mejorar. Si después de todo las formas sólo están servidas para guardar el fondo, para jugar el juego que todos jugamos -yo estoy bien, qué me importa el resto-, qué más da que sean encorbatados que soldados.

 

4.- Se acabaron los delitos

 

¿Cuál es la marca de todo gobierno verde olivo? La paz y la seguridad sociales cunden como una plaga curativa. Hay que imaginarse la satisfacción, la sonrisa de todos porque, como en China, el corrupto muere; como en Cuba, el contrarrevolucionario muere; como en Estados Unidos, el terrorista muere; como en Colombia, el narcotraficante muere; como en Arabia Saudita, el simple ladrón, el violador, el asesino, mueren. ¿Que una familia de tratantes de mercancía ilegal desobedece un retén castrense instalado con todas las de la ley? Se le ejecuta, no importa si tres niños se van en el camino. ¿Que un ciudadano cualquiera escribe lo que piensa, dice lo que le parece inconsistente, sube a internet un video que considera necesario? Hay que condenarlo a prisión o al destierro por ello, pues altera el tan indispensable orden y respeto. ¿Que el dinero no alcanza, los empleos son indignos y los salarios magros y por ahí se organiza una manifestación para, al menos, lograr un subsidito chiquito? Se disuelve a patada y puño, pues qué carajos van a saber de globalización y capitalismos estos pendejos que con trabajo sostienen a sus familias por su ineficiencia, misma que el inteligentísimo gobierno tiene que suplir. ¿Que un estamento violó mujeres y niñas, cometió rapiña y saqueo, o se cruzó con una banda rival de sicarios? Hay que convertirlos en héroes nacionales por su valiosa contribución a la pacificación nacional. Vaya alivio general en la población, porque, antes, en la democracia, el delincuente era ubicuo por cuanto podía ser cualquiera; ahora, sencillamente, se sabe que los criminales por lo común estarán uniformados.

 

5.- De todo para todos -y por todo-

 

La corrupción, ese deporte nacional mezcla de folclor e identidad, florecerá a un ritmo geométrico para beneficio de todos. El saqueo, el soborno, el robo, la extorsión y al patrimonialismo darán a todos de comer, en su momento, claro, y si uno se ha adiestrado lo suficiente en las artes de la prebenda. Al fin y al cabo, entre los subsidios que entregará la Junta a los sectores de la gente más vulnerable para mantenerlos quietos -son la mayoría, después de todo- y los negocios turbios a los que cualquiera en la gigantesca red de tráfico de influencias en que se convertirá mi país puede acceder, la riqueza, en efectivo o en especie, fluirá como un enorme río de la abundancia. Los que hoy tiene un negocio mediano, mañana se expandirá a expensas de los precios y de pactar contratos únicos en el barrio. Los que hoy tienen un negocio pequeño, dejarán el atareamiento de ser emprendedor para entrar a las filas del subempleo bien remunerado, con el simple trámite de pasar mercancía de una manos a otra, siendo lo de menos si es droga, juguetes chinos o indocumentados. Los que hoy tienen un negocio grande, se volverán millonarios -tras un gloriosa época de multimillonarios-, pagando impuestos hasta por echarse un pedo, llevando sus inversiones a los quebradizos consorcios del Estado para rescatar algunos kilos del elefante blanco cuando al fin lo privaticen; como sea, prosperarán, o a base de amiguismos o a base de migajas. Los que hoy consideran que su actividad es ilegal, pronto, agremiándose de forma conveniente, se volverán los futuros magnates, poderes fácticos de este país: Casinos, lupanares, narcotienditas, centros de ‘hackeo”, bares ocuparán un índice estadístico superior a las bibliotecas o, para no ser tan dramático, que las iglesias, y quienes se encuentren al frente de estas compañías -que tendrán que ser despenalizadas, porque serán las únicas que aportarán recursos a la bancarrota perenne de la hacienda militar- serán sin duda recurrentes visitantes de las listas de Forbes.

 

 

6.- Un país sometido es un país en desarrollo

 

Hartos de las democracias que se conformaban con un puñado de obra pública y social, la república castrense pondrá en marcha el más enfebrecidamente faraónico proyecto de infraestructura y apoyo a la gente: Plan DN-III permanente. Allí donde el desastre de la crítica, la organización popular, de subversión, la lucha por las libertades se presente, habrá carreteras, escuelas, centros de salud y cementerios, previa destrucción de los inmuebles donde se sembrarán los cadáveres y los cimientos de tan nobles edificaciones. No faltará  nunca más agua potable ni alcantarillado, pues hasta los conscriptos, anticipados y remisos, serán emplazados a tan arduas tareas, que además de reactivar la alicaída industria de la construcción, solventará el lavado de dinero proveniente de múltiples cuentas y dará un trabajo decente a millones de jóvenes ociosos que no tienen otro quehacer que el pernicioso estudio y las inútiles revueltas. El crecimiento exponencial de México en materia de infraestructura, alimentación y salud bajo el mando verde olivo será memorable. Las miserias de la pobreza, la extrema marginación, la senectud y la discapacidad serán erradicadas con el extermino total de pobres, indígenas, marginados, viejos, ciegos, paralíticos, mutilados, niños y madres de la calle, hasta en el último rincón de mi país, justo para combatir un desastre mayor que las inundaciones o los terremotos: La sobrepoblación y la revolución. Al final, cuando los espacios públicos, infestados de estatuas y/o retratos a los salvadores de la patria, sean recuperados, no habrá nada en la memoria para extrañar lo perdido o lo que nunca se conoció y nadie podrá negar el gran legado de progreso social -sólo quedamos nosotros en esta ciudad fantasma- que dejaron los guachos.

 

 

7.- Impulso a la educación, la cultura y la ciencia

 

Al implementarse una demagogia oficial, México podrá presumir al mundo su riqueza intelectual, mientras los intelectuales de línea gozarán de subsidios por fungir como cajas de resonancia de los eructos y las marchas que gritarán lo bien que está gobernado el país. Debido a la relevancia de llevar estos lavados de cerebro a todos para homogeneizar la pendejez, se realizarán ambiciosas campañas de alfabetización, concientización y hasta reeeducación; nunca más un mexicano ignorará las letras, el himno nacional ni las virtudes regenerativas de la soldadesca. La historia será un legado común y, como en el deseso foxista, las cosas que se lean, vean y escuchen no preocupará a la población, no por cuestiones vanas de censura o regulación de medios de difusión, sino por su bienestar mental -informarse es sufrir-. Pulularán los artistas comprometidos con el régimen y uno que otro aligerado para dar la impresión de apertura. Del otro lado, dentro de los campos de concentración -si la Junta no decide una solución final al problema opositor-, los escritores, músicos, pintores, cineastas y científicos prodigarán anécdotas que, una vez liberados, 50 ó 70 años después, se podrán publicar. Aunque sería mejor utilizar sus palabras, frescas, dolorosas, para lanzar un libro de trasmano, clandestinamente, en un país extranjero, para obtener algún relevante premio literario que, como siempre, sirva para denunciar pero no para resolver. Estos liberales tendrán todo el tiempo y el espacio para sus actividades recreativas, mismas que, sino pasan antes por la basura o la muerte, podrán aprovecharlas las futuras generaciones. Sólo espero que, igual que a mi tocayo Soljenytzin, mis habilidades puedan colocarme entre los prisioneros de primera, al menos, para sobrevivir.

 

8.- Auténtica transformación al trasponer la historia

 

Algo sucede con los pueblos tras los autoritarismos, que usualmente tiende a la mejora de la vida en común. Algo que llevan otros términos que no son derechos, libertades, valores de respeto y tolerancia, institucionalidad, pluralismo, sino alguna cosas que no se les pareces, sino que es mejor. Hay que mirar atrás y a la gente tras la mano dura: Chilenos, dominicanos, argentinos, paraguayos, brasileños, uruguayos, peruanos, grenadinos, guatemaltecos, nicaragüenses, salvadoreños, panameños, haitianos, venezolanos, españoles, portugueses, alemanes, italianos, ghaneses, angoleños, congoleños, ruandeses, mozambiqueños, sudafricanos, europeos del Este. Existen los que de plano han destruido para siempre el germen del Estado Total, existen los que aún permanecen en la zozobra porque, habituados al orden impuesto, no pueden ya vivir sin él, existen los que piden a gritos el regreso -y lo han logrado-, pero no existen ya los que no pidan, al menos, un margen para la crítica y la transparencia, quien no quiera reglas para todos, gobernados y gobernantes, quien no esté dipuesto a dar un pequeño esfuerzo a cambio de una pequeña libertad, de pensar, de tener, de ser.

Algunos implementaron de inmediato la libertad de conciencia, acaso la raíz suprema, la razón central, el Alma Mater de todas las demás, pues estriba en defender a muerte la manera de ser, la identidad íntima de cada persona. Entre ellos la expresión es fácil porque se sabe que nadie descalificará lo que dice el otro por otro medio que no sea la burla o el descrédito, sino la lógica. La libertad de reunión, de prensa, de manifestación, están garantizadas no porque haya una “línea” que acallar, una protesta que sofocar, una revuelta que impedir, sino porque se tolera que son personas, no “enemigos internos del régimen”. Todas las otras, además, se llevan a ámbitos no puramente políticos y sociales, de forma tal que un trabajador puede “tronar” contra tal o cual gobierno, incluso siendo burócrata, sin que por ello lo tengan que despedir o su sindicato lo chantejee por siempre. Incluso, la libertad de conciencia les permite negar a la misma sociedad que se permitió la irreflexiva intervención castrense en las calles y en las casas. Les permite gozar de una actitud no solidaria, usar el criterio propio y no el masivo, empinar el reclamo a todos los políticos, a todos los dioses y a todas las bestias. Les permite concluir que, siendo ellos mismos, no necesitan más allá de lo que llaman patria. Algo pasa que quedan más libres, más abiertos, más avanzados. Por favor, urge un golpe de Estado, una Rusia de Stalin, una Portugal de Salazar, una Nicaragua de Somoza y los sandinistas, una España de Franco, una República Dominicaca de Trujillo, una Alemania de Hitler, una Hungría de Horthy, una Rumania de Antonescu y de Ceausescu, una Yugoslavia de Tito, una Albania de Hoxha, una Norcorea de los Kim, una Bulgaria de Chervenkov, una Sudáfrica de Apartheid, una Vietnam de Ho Chi Minh y su Vietcong, una China de Mao, una Guinea de Sékou Touré, una Haití de los Duvalier, una Cuba de Castro, una Guinea de Macías Nguema, una Libia de Gadafi, una Uganda de Dada, una Chile de Pinochet, una Angola del MPLA, una Argentina de Videla, una Camboya de Pol Pot, una Etiopía de Mengistu, una Grenada de Bishop, una Polonia de Jaruzelski, una Perú de Fujimori, una Serbia de Milosevic, una Venezuela de Chávez, un México de auténtica dictadura, para ver si después del horrendo carnaval represor nos llegan al fin las libertades que pocos y pocas veces hemos gozado.

Un comentario en “Radicales dixit

  1. jeje me confundi y en lugar de dejarte el comentario acerca del blog aki, lo envié a tu correo, bueno el caso es que lo recibas.Compa.. muchas gracias por acompañarme hoy en ese momento tan importante y anhelado para mi (tú sabes), de verdad aún no "cabo" de la alegría que siento, aunque siempre desestimé que fuese importante para mi, la verdad es que me ponía nerviosa nomás de pensar que me llegaría la hora. Y ahora si como le diría Lucas al chaparrón: ¿Dígame Licenciado? jajaja.

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