Vivir en la ilegalidad

Esta ancheta no me da formato RSS o similares, así que si se ve pinchurrienta, jodida, famélica, traicionera, creánme que puedo compensarlo con una finita opiniòn sincera…

El narcomenudista que no se droga. El vendedor de refacciones de carros que ni carro tiene. El ambulante que compra fayuca para revenderla. Todos ellos quienes son cómplices delgados y recurrentes de la delincuencia tienen una excusa no menor y tan simple para su subsistencia, que desarma: Son trabajadores, mercenarios cuya premisa elemental es tener algo para tragar y darle de tragar a sus familias. Quienes las tengan, claro. Viéndolo al anverso, no es distinto de un asistente de ese empresario, a base de lazos legalmente ilegales y prácticas monopólicas, es multibillonario (Y en dólares); del integrante del aparato burocrático al servicio de tal o cual alcalde, diputado local o federal, senador, gobernador o presidente cuyos poderes y aun gestiones están salpicados de otras ilegalidades. Tampoco -y mucho menos- del dizque profesional de la comunicación empleado en algún medio de comunicación doblemente delincuente y doblemente impune: Por el lado empresarial, con la búsqueda de la exclusividad informativa al mejor postor patrocinador, es decir, su rendición total a los intereses de empresa; por otro, parapetados en las libertades de prensa y expresión, se dan libertades de difamación, calumnia, injuria y desprestigio. A todos los de los dos párrafos anteriores, al menos, los defiende y protege la "charola", siempre, pues el fuero no sólo es constitucional: Es aquello que los demás sobreentienden que no se debe tocar por una protección más allá de la jurídica. Por eso es fácil desmantelar un comercio ambulante, intentar cobrarle impuestos, "formalizarlo", pues, que impedir "el elercicio libre", del servicio público o de los reporteros/periodistas/editores/analistas/columnistas/colaboradores. Por eso es fácil fingir que todo está mal, pero si lo señalas, si lo acusas, no estás involucrado, si usas los cuerpos del Estado para pretender erradicarlo, no eres cómplice o partícipe. Puede ser que muchos piensen a esta altura de este documento que es cierto, nadie puede arrojar la primera piedra, pero eso no me da para justificar a quienes están en la delincuencia organizada, que mata, secuestra y roba premeditada, alevosa y ventajosamente. En suma, que estoy loquito porque una cosa no va con la otra. Pero simplemente me coloco en el lugar que no puedo subvertir: Es fácil ser el que opina, escribiendo estos artículos que, como decía Albert Camus, se escriben en la "comodidad de una oficina mientras se derrama la sangre por sus consecuencias imprevistas". Quiero decir que sería muy sencillo para mi indicar estos males sin sentirme a mi mismo acusado. La crítica comienza por la autocrítica de la misma forma que la enseñanza proviene del aprendizaje. Mi punto es que yo que compro camisas en puestos ambulantes porque valen tres o cuatro veces menos que en los lugares establecidos; yo que prefiero usar casetas de moneda por no comprarme un celular ni tener línea telefónica ni comprar tarjetas que alimenten la riqueza de Carlos Slim; yo que prefiero este medio, no mío, pero propio, radical, liberal, plural, a pretender expresar mis ideas puras en los periodicos donde trabajo esperando que me digan Oye, no mames, esa es una madriza a, bla, bla, bla. Yo, reitero, pertenezco a esa gigantesca fauna mexicana que necesita ahorrar el dinero. Y perdón, pero mientras autoridades se dediquen con el cuento de la seguridad a atropellar mis derechos (Toques de queda, retenes, patrullajes militares), mientras pretendan administrar a su provecho las pensiones del ISSSTE, mientras permitan que Pemex mantenga a la bola de pendejos por la que NO votamos (Digo, en el caso de los que sí llegaron por el voto directo y ahora les fallan, los pendejos son otros), creo que ganará quien pueda darme lo que pido por lo que tengo, no más ni menos. Esta simple lógica, tronarán ahora, es la de la corrupción, la de la lacra social que pudre a mi país por dentro. Y les digo que sí, pero es la cínica (la verdadera, la auténtica, la genuina) lógica de SUPERVIVIENCIA que mueve a muchas de nuestras mentalidades desde hace muchos años, aunque duela, porque es igual de elemental. Y duele, no pensar, sino creer que así de malandros somos, no en circunstancias extremas, sino en cualquiera. Así, el ambulante comerciante de fayuca, el vendedor de autopartes expoliadas -a veces no por partes-, el narcomenudista atracan y lesionan tanto a nuestra sociedad como el funcionario que cobra sin trabajar, el empresario que impide la competencia, el policía que abusa de su placa, de periodista que cobra prebendas por engañar. Pero, al menos, los tres primeros lo hacen porque no tienen de otra, ese es su medio para vivir y, al menos, dan a quien quiere una playera, una salpicadera, una bolsita de droga; es decir, es un problema que, combatido desde el consumo con multiples remedios cuya desidia nuestra, de todos y cada uno nosotros, nos ha impedido aplicar, sin esperar la mano institucional, si bien está en sus manos mejorar nuestra economía evitando caer en la tentación ambulante, fayucera, narcomenudista. Existen opciones, pues, en conclusión. En el caso de los restantes, el burócrata imbécil siempre en busca de su siguiente puesto, el presidente de un consejo corporativo deseoso de más aunque ya tenga demasiado, el miembro de un medio que puede darse el lujo de mentir constitucionalmente protegido en un artículo que le da libertades, no capacidades, no tenemos opción, han copado un espacio igualmente para subsistir y quizá igualmente de manera éticamente irregular, pero jurídicamente legalizados. Conclusión: Por más escalofriante que suene de esos jamás nos libraremos.

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