Pederastas al grito de guerra

Sigo sin acceder a un formato URL digno. Lo reformaré más tarde. Mientras tanto, las claves que pocos han querido ver y que se creen superadas por la aprobación de UNA ley en UN sólo estado de la República. En fin, cosas de la autocomplascencia…

Entre 1926 y 1940, la Iglesia Católica libró la más cruenta y prolongada guerra civil en toda la historia de México. Denominada "Cristera" en una fase de violencia expuesta y casi oficialmente aceptada (1926-1929), incluyó sangrientos asaltos a ferrocarriles de carga y de pasajeros, soborno de autoridades y militares para la dirección y organización del conflicto bélico y atentados terroristas, en su perfil actual de generar por medio de actos el miedo general en sociedad e instituciones de un país soberano. Sabotearon líneas de tren para descarrilarlos, dejando centenares de muertos en cada intentona. Llegaron al punto de diseñar una conjura para derrocar al Estado laico de mi país. Miguel Agustín Pro Juárez, sacerdote que, amén de ser beatificado por el Papa Juan Pablo II en 1988, da nombre a una de las más respetadas ONG’s de derechos humanos -y a la que pertenecía la activista Digna Ochoa, cuya muerte merece más espacio-, planeó y colaboró en la ejecución de un atentado terrorista contra el presidente Plutarco Elías Calles, en 1927, que salió mal, pues no sólo el mandatario sobrevivió, sino mandó fusilar al presbítero el 23 de noviembre de ese año. Ya antes, procuraron preservar un sector extremo, llamado sinarquista, que conduciría a que uno de sus integrantes, Miguel de León Toral, matara de un tiro a otro presidente, Álvaro Obregón. Claro, uno entiende que eran tiempos en que muchísimos ultras abrieron frente y amenazaban la integridad de los liberales (Derecha e izquierda en franca disputa bélica). Pero prefiero comenzar con este anecdotario, porque sería fácil arremeter contra la jerarquía católica que dice hoy defender la vida a partir de las historias lejanas y difusas de las Cruzadas y demás matanzas medievales y conjuras contrarreformistas. No. México vive aún la catástrofe llamada democracia reciente en el contexto de una pésima educación, pues la falta de información y de verdad será siempre el veneno mortal de las libertades y los derechos. Curosamente, los directamente involucrados son bastante culpables: Un Estado que no se ha responsabilizado por la educación de su población deja el paso libre a la manipulación de la Iglesia. Volvamos. Los prelados que hoy convocan a marchas y novenarios por la vida y la familia, execrando formas diabólicas como el condón, las uniones homosexuales, el aborto, la eutanasia y la pena de muerte, participaron, por historia y convicción (Pues la beatificación de terroristas fundamentalistas católicos en tiempos modernos lo demuestra así) contra la sociedad y sus instituciones durante poco más de una década. Ello ya es políticamente comprometedor porque, por historia y convicción, debieron estar con Andrés Manuel López Obrador, el único hasta ahora señalado como riesgo para las instituciones. La Iglesia, como en el siglo XIX, buscó apoderarse de una vez y para siempre en Palacio Nacional y convertir a mi país en una teocracia guadalupana. En el camino dejaron 30 mil muertos, un cifra conservadora, casi 50 mil más mutilados o lesionados y ambos bandos, como en toda guerra civil, recrudecieron sus ataques cada año. Es decir, hace apenas 70 años los defensores de la vida mandaron al cadalso miles de feligreses enardecidos por sus prédicas muy alejadas de la escolástica y muy cercana a la política. Por ese sencillo expediente, el Estado les ha regateado -y espero que sea así hasta la segunda venida de Cristo- la famosa "libertad religiosa": El clero abusaría de esas facultades para, quién sabe, forzar de nuevo el terrorismo, la desestabilización institucional y la muerte. Quizá eso no sea suficiente. Es obvio que Norberto Rivera, como toda la mística estructura que lo parió y lo vio encumbrarse a la Arquidiócesis Primada, jamás hará caso. Tronará desde su púlpito, excomulgará, llamará a la resistencia civil pacífica, a bloquear avenidas, afirmará que el Reino de Dios es el gobierno legítimo y si observa que los medios, una vez promulgada la ley, ya no le dan la palabra ni lo toman en serio, denunciará un cerco informativo. Ésa ni siquiera es la mayor de las paradojas. Lo que asombra es que los mismos métodos sean utilizados ante la desesperación de no hacerse escuchar, por más que las razones sean diametralmente opuestas: En una, el documentado fraude electoral que parece a todos valerles madre; en otra, el "llamado a la vida" que en efecto a todos nos vale madre. ¿Y las vidas de casi mil niños violados por sacerdotes a lo largo y ancho, no del mundo, sino de la grey mexicana? Porque se le endosan, tan sólo a Nicolás Aguilar, el ahijado de Norberto, el seguimiento de 600 casos, desde que sólo era lamebotas eclesiástico de una parroquia rural de Puebla. Y le siguió en Los Ángeles, sin pensar que allá sí separaron de un tajo y de por vida las cosas del cielo de las de la tierra, y hoy Estados Unidos procesa al cura, esperando la culpabilidad ante el altero de evidencias en su contra, para extraditarlo. Y Estados Unidos se pinta sólo para derribar -no lo ignora- ese gran poder, soterrado y férreo, que, en un jalón de misa, podría acabar con su Imperio. No sólo los aborda en cine y televisión dejando mal parados a la mayoría, sino que usa y recomienda todo aquello que El Vaticano reprueba. Empezando con el laicismo democrático a toda prueba que no se fija en sotanas a la hora de meter a un depravado tras las rejas. México se vuelve entonces en el refugio predilecto: Impunidad y corrupción con el PRI, extrema derecha y conservadurismo con el PAN, negociación política con el PRD, una población mayoritariamente católica y dispuesta y una separación Iglesia-Estado más que cuestionada cuando no endeble. De las tres aristas anteriores del problema con la jerarquía vaticana (Rebeldía política dispuesta a brotar de nuevo, presente más que oprobioso que breta su moral y conflicto entre un Washington que pide a México parecerse más en todo), quizá sea la científica el otro que menos se toca. Y no me refiero, como no me he referido en este laberíntico artículo, a los datos científicos, duros, precisos, comprobados. He tocado las aristas menos tocadas y así será con lo científico. No diré, como dicen los que saben, si un embrión es o no es, sobre si el enfermo debe o no, bla, bla, bla. Diré sencillamente que la Iglesia, en ese plano, opera como auténtica "cazapendejos": Recurre a la ciencia para conocer la verdad de verdad, de acceso a "expertos" maniatados o favorecidos que corroborarán sus dichos, manipularán la información, la negarán incluso, llegando a su lado favorito: Los huecos. La iglesia pondrá una y otra vez al Espíritu Santo allí donde la ciencia no ha llegado o al raciocinio le falten, no razones, sino palabras para explicarlo. Así ha sido con todo: El sudario, los evangelios, las tumbas, el cuerpo, las apariciones y milagros. Así será siempre: Aprovechará el rezago de la ciencia (Provocado por casi dos mil años gracias a las zancadillas que le propinó) para imponer su versión, para justificar la solución que no nos ha llegado, para recomponer los veredictos de la historia y evadir las disculpas a sus gazapos ya imperdonables (Galileo, el sudor sanguíneo de Jesús, el Holocausto judío). La ciencia médica y jurídica en la que se apoya para irumpir en otras conciencias. La documentación más precisa y minuciosa no será pretexto, el "cerco informativo" de su parte prevalecerá y ello representa un auténtico peligro para México: Alimentar el fundamentalismo racional con tal de vencer su fundamentalismo es querer jugar a las vencidas usando fuego contra fuego que, todo lo más, conseguirá un empate deshonroso y frustrante. Ése es el camino al que la Iglesia nos puede forzar, la trampa en la que no debemos caer como cayeron otros mexicanos en los siglos XIX y XX. Al final, no se trata sólo de decir que ya ganamos y que lo logramos ignorando a la Iglesia y sus jerarcas. Lo difìcil ahora será arremeter y contrarrestar al Clero que, como he reseñado, está siempre dispuesto, es una fuerza real y cerrada que no otorgará margen alguno, como nunca lo ha hecho, a la supuesta vida y la supuesta humanidad que dice defender. Conozco liberales católicos o creyentes muy devotos de su religión que rechazarían la opción de la violencia; son ellos sin saberlo su verdadera iglesia. Lo demás y los demás son prédicas de profetas llamando a la crucifixión.

Vivir en la ilegalidad

Esta ancheta no me da formato RSS o similares, así que si se ve pinchurrienta, jodida, famélica, traicionera, creánme que puedo compensarlo con una finita opiniòn sincera…

El narcomenudista que no se droga. El vendedor de refacciones de carros que ni carro tiene. El ambulante que compra fayuca para revenderla. Todos ellos quienes son cómplices delgados y recurrentes de la delincuencia tienen una excusa no menor y tan simple para su subsistencia, que desarma: Son trabajadores, mercenarios cuya premisa elemental es tener algo para tragar y darle de tragar a sus familias. Quienes las tengan, claro. Viéndolo al anverso, no es distinto de un asistente de ese empresario, a base de lazos legalmente ilegales y prácticas monopólicas, es multibillonario (Y en dólares); del integrante del aparato burocrático al servicio de tal o cual alcalde, diputado local o federal, senador, gobernador o presidente cuyos poderes y aun gestiones están salpicados de otras ilegalidades. Tampoco -y mucho menos- del dizque profesional de la comunicación empleado en algún medio de comunicación doblemente delincuente y doblemente impune: Por el lado empresarial, con la búsqueda de la exclusividad informativa al mejor postor patrocinador, es decir, su rendición total a los intereses de empresa; por otro, parapetados en las libertades de prensa y expresión, se dan libertades de difamación, calumnia, injuria y desprestigio. A todos los de los dos párrafos anteriores, al menos, los defiende y protege la "charola", siempre, pues el fuero no sólo es constitucional: Es aquello que los demás sobreentienden que no se debe tocar por una protección más allá de la jurídica. Por eso es fácil desmantelar un comercio ambulante, intentar cobrarle impuestos, "formalizarlo", pues, que impedir "el elercicio libre", del servicio público o de los reporteros/periodistas/editores/analistas/columnistas/colaboradores. Por eso es fácil fingir que todo está mal, pero si lo señalas, si lo acusas, no estás involucrado, si usas los cuerpos del Estado para pretender erradicarlo, no eres cómplice o partícipe. Puede ser que muchos piensen a esta altura de este documento que es cierto, nadie puede arrojar la primera piedra, pero eso no me da para justificar a quienes están en la delincuencia organizada, que mata, secuestra y roba premeditada, alevosa y ventajosamente. En suma, que estoy loquito porque una cosa no va con la otra. Pero simplemente me coloco en el lugar que no puedo subvertir: Es fácil ser el que opina, escribiendo estos artículos que, como decía Albert Camus, se escriben en la "comodidad de una oficina mientras se derrama la sangre por sus consecuencias imprevistas". Quiero decir que sería muy sencillo para mi indicar estos males sin sentirme a mi mismo acusado. La crítica comienza por la autocrítica de la misma forma que la enseñanza proviene del aprendizaje. Mi punto es que yo que compro camisas en puestos ambulantes porque valen tres o cuatro veces menos que en los lugares establecidos; yo que prefiero usar casetas de moneda por no comprarme un celular ni tener línea telefónica ni comprar tarjetas que alimenten la riqueza de Carlos Slim; yo que prefiero este medio, no mío, pero propio, radical, liberal, plural, a pretender expresar mis ideas puras en los periodicos donde trabajo esperando que me digan Oye, no mames, esa es una madriza a, bla, bla, bla. Yo, reitero, pertenezco a esa gigantesca fauna mexicana que necesita ahorrar el dinero. Y perdón, pero mientras autoridades se dediquen con el cuento de la seguridad a atropellar mis derechos (Toques de queda, retenes, patrullajes militares), mientras pretendan administrar a su provecho las pensiones del ISSSTE, mientras permitan que Pemex mantenga a la bola de pendejos por la que NO votamos (Digo, en el caso de los que sí llegaron por el voto directo y ahora les fallan, los pendejos son otros), creo que ganará quien pueda darme lo que pido por lo que tengo, no más ni menos. Esta simple lógica, tronarán ahora, es la de la corrupción, la de la lacra social que pudre a mi país por dentro. Y les digo que sí, pero es la cínica (la verdadera, la auténtica, la genuina) lógica de SUPERVIVIENCIA que mueve a muchas de nuestras mentalidades desde hace muchos años, aunque duela, porque es igual de elemental. Y duele, no pensar, sino creer que así de malandros somos, no en circunstancias extremas, sino en cualquiera. Así, el ambulante comerciante de fayuca, el vendedor de autopartes expoliadas -a veces no por partes-, el narcomenudista atracan y lesionan tanto a nuestra sociedad como el funcionario que cobra sin trabajar, el empresario que impide la competencia, el policía que abusa de su placa, de periodista que cobra prebendas por engañar. Pero, al menos, los tres primeros lo hacen porque no tienen de otra, ese es su medio para vivir y, al menos, dan a quien quiere una playera, una salpicadera, una bolsita de droga; es decir, es un problema que, combatido desde el consumo con multiples remedios cuya desidia nuestra, de todos y cada uno nosotros, nos ha impedido aplicar, sin esperar la mano institucional, si bien está en sus manos mejorar nuestra economía evitando caer en la tentación ambulante, fayucera, narcomenudista. Existen opciones, pues, en conclusión. En el caso de los restantes, el burócrata imbécil siempre en busca de su siguiente puesto, el presidente de un consejo corporativo deseoso de más aunque ya tenga demasiado, el miembro de un medio que puede darse el lujo de mentir constitucionalmente protegido en un artículo que le da libertades, no capacidades, no tenemos opción, han copado un espacio igualmente para subsistir y quizá igualmente de manera éticamente irregular, pero jurídicamente legalizados. Conclusión: Por más escalofriante que suene de esos jamás nos libraremos.